jueves, 25 de mayo de 2017
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La otra ola de disrupción empresarial no es tecnológica
 
La otra ola de disrupción empresarial no es tecnológica
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24-feb-17    
 
La disrupción de las empresas tradicionales no solo se viene por el avance acelerado de tecnologías exponenciales.
 
Texto: Michelle Arevalo-Carpenter

En esta era de abundancia de información, los consumidores cuestionan cada vez más de donde vienen sus productos y servicios y los más talentosos aceptan puestos de trabajo solo en compañías que se alínean con sus valores.

Así es como la otra ola de disrupción se viene desde los ciudadanos-consumidores, quienes demandan un sector privado con un rol más protagónico en resolver los retos ambientales y sociales que enfrentamos a nivel global. En este sentido, ya no basta con solamente contratar más y mejor tecnología para estar en la vanguardia; es hora de cuestionar el propósito mismo de las entidades.

El movimiento global de Empresas B o B Corporations, como se las conoce en su forma legal en EE.UU., nació del reto que originalmente vieron varios empresarios en enfocar los esfuerzos de sus compañías en cumplir propósitos ambientales y sociales. El marco conceptual de la responsabilidad empresarial tiende a verse limitado en tiempos de crisis. Bajo la óptica tradicional, el líder está constantemente balanceando retornos financieros contra impacto social y ambiental, como si fueran mutuamente exclusivos. Incluso, la misma responsabilidad fiduciaria de las empresas regulares los obliga a maximizar las utilidades de sus inversionistas por sobre cualquier otra consideración. Es así como un grupo de empresarios visionarios en EE.UU, impulsaron inicialmente el concepto de Empresa B: una nueva 'raza' de organización, con una responsabilidad fiduciaria ampliada. Más allá del lucro, esta mide también su éxito en el impacto social y ambiental positivo que deja. Para el año 2010 el Estado de Maryland pasó la primera ley que crea la nueva forma legal de crear una Empresa B.

Desde entonces, el movimiento empresarial ha crecido a 2.014 compañías en 130 industrias que incluyen grandes empresas que cotizan en bolsa como Natura (cosméticos en Brasil), Etsy (la plataforma online de productos artesanales) y Singularity University (Instituto de Tecnología Exponencial). Unilever y Danone han iniciado procesos para certificar a varias de sus marcas y la revista Fortune ha nombrado a la certificación B como una de las top 5 tendencias empresariales del 2016.



Actualmente, para ser Empresa B se necesita tomar tres pasos: (a) Comprometerse públicamente a crear impacto positivo en la sociedad y el medio ambiente; (b) Ampliar el deber fiduciario mediante su forma legal o el cambio de sus estatutos; y (c) Operar con altos estándares de gestión mediante la Certificación B. El camino a la certificación inicia con una auto-evaluación gratuita (www.sistemab.org) de 200 puntos. Las empresas deben tener mínimo 80 puntos en temas de gobernanza, relación con trabajadores, el medio ambiente y la sociedad para poder certificarse y compararse con otras de la misma industria a escala mundial.

En Ecuador, las primeras empresas B ya representan al país a nivel internacional. La compañía Runa Tea, que produce y exporta té de guayusa, fue la primera empresa B con operaciones en Ecuador. Su compromiso con el medio ambiente y comunidades amazónicas le han ganado el apoyo del actor Channing Tatum y una inversión significativa por parte de Leonardo Di Caprio. Pacari, la compañía de chocolates, ha sido otra pionera en lograr la certificación este año, buscando no solo estar entre las mejores entidades del mundo, sino también entre las mejores empresas para el mundo. IMPAQTO, el espacio de coworking que lidero, no solamente obtuvo la certificación, sino también tiene el rol de conformar el grupo promotor de Sistema B en el país junto con Coinnovar, la consultora de innovación social basada en Guayaquil.

Ser Empresa B es más que una tendencia de moda o una acción de buena voluntad – es buen negocio. Con una visión integral de crecimiento a largo plazo, las empresas B ya demostraron su resiliencia durante la crisis financiera del 2008: el Ministro de Trabajo de EE.UU., Thomas Pérez, informó que las empresas B fueron un 64% más capaces de sobrevivir que las tradicionales. El estudio Nielsen de consumo global informa que el 66% de consumidores está dispuesto a pagar más por productos con impacto social y sustentable. Según la encuesta de Deloitte de jóvenes profesionales de alto nivel, los milenials consideran que el propósito de las compañías es mejorar la sociedad en paralelo de generar ganancias. En este sentido, para captar el mejor talento y retenerlo, las organizaciones deben demostrar un compromiso con su propósito. Así, ser Empresa B es una opción atractiva para los líderes que buscan posicionarse a la vanguardia del pensamiento gerencial actual y al mismo tiempo alinear sus valores individuales con los efectos que tienen las empresas a su cargo.


 
Artículo perteneciente a: Revista Ekos - Feb 2017
 
 
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