Cada una cambió el panorama global y fue el inicio de una nueva era: el boom de la posguerra (1944-71), la era de contención (1971-89), y la era de mercados (1989-2019). La era más reciente fue testigo de la expansión de las cadenas de valor globales y del meteórico crecimiento de las tecnologías digitales. Miles de millones de personas se beneficiaron del rápido crecimiento y desarrollo, respaldados por la estabilidad macroeconómica, sin embargo, América Latina no avanzó en igual ritmo ya que se quedó rezagada en cuanto a adopción tecnológica y no logró establecerse en la frontera de la innovación que provocara un mejor crecimiento. Si estamos a puertas de empezar una nueva era, ¿qué implicaciones tendría para América Latina? ¿Puede mejorar su participación global en un mundo multipolar? ¿Puede ponerse al día con la curva de innovación tecnológica y utilizarla para mejorar la equidad? ¿Puede beneficiarse de su población joven, abordar sus desigualdades arraigadas y definir un nuevo contrato social para apoyar el crecimiento a largo plazo? ¿Puede aprovechar sus recursos naturales para ser un motor de la transición net-zero? ¿Puede elevar finalmente el crecimiento económico regional, la inversión y la productividad? También te puede interesar: ¿Cómo la IA transforma los negocios de los canales en América Latina? Una reciente investigación realizada por Mckinsey Global Institute – MGI establece las implicaciones en la región a través de cinco dominios: (1) orden mundial: las instituciones, marcos y reglas que dan forma a los asuntos internacionales; (2) plataformas tecnológicas: plataformas y ciencias aplicadas que permiten el desarrollo y la innovación; (3) fuerzas demográficas: tendencias demográficas y contornos socioeconómicos a lo largo de las poblaciones; (4) sistemas de recursos y energía: los sistemas para transportar y convertir energía y materiales para su uso; y (5) capitalización: impulsores de la generación oferta y demanda, y trayectorias de finanzas y riqueza. 1. Orden mundial A la par de las tendencias globales, América Latina ya se encuentra encaminada hacia la multipolaridad. Hasta el año 2000, Estados Unidos fue el principal socio comercial de casi todos los países de América Latina, mientras que entre 2000 y 2021, China logró ocupar los primeros lugares como socio comercial de varios países de América del Sur y Centroamérica. A pesar de haber diversificado su red de conexiones globales, aún no ha logrado apalancarlas para integrarse de mejor manera a la economía global abriendo una oportunidad de desarrollo sobre esa plataforma. Excluyendo a México, la proporción de exportaciones de bienes de América Latina al mundo que son materias primas es de 56%, y la proporción de exportaciones de bienes de América Latina a China que son materias primas ronda el 80%. En los países emergentes y similares a los nuestros, ambas cifras están más cerca de 30%. Latinoamérica alberga a más de 600 millones de personas y las conexiones con sus vecinos cercanos son tan importantes como las globales. Trabajar más de cerca puede ayudar a promover las aspiraciones económicas comunes de la región. Sin embargo, la cohesión dentro de América Latina es relativamente débil. Las exportaciones intrarregionales representan 14% de las exportaciones totales, las más bajas de cualquier región grande. 2. Plataformas tecnológicas El acceso equitativo a la tecnología y la construcción de habilidades tecnológicas ha empezado a ser una prioridad en las agendas de los Gobiernos en épocas recientes. Hace más de una década América Latina logró duplicar el número de usuarios con acceso a internet; sin embargo, el acceso en zonas rurales y urbanas aún mantiene una brecha que no se ha logrado cerrar afectando al imperativo común de lograr abordar la educación y el desarrollo de habilidades. El mundo cada vez más digital amenaza con afianzar las desigualdades, especialmente en vista de la escasez de competencias. Menos de la mitad de los latinoamericanos tienen las habilidades suficientes para utilizar computadoras para tareas profesionales básicas, lo que probablemente socave la productividad de las empresas, particularmente las pequeñas, sin embargo, la pandemia desencadenó un auge en la adopción de la tecnología, incluyendo los pagos digitales y el comercio electrónico que en algunos países se han desplegado ampliamente. Este aumento en la adopción tecnológica es notable, y demuestra el potencial de escalar las tecnologías existentes más rápidamente que en regiones con cadenas de valor más establecidas. 3. Fuerzas demográficas La era de los mercados se caracterizó por una amplia urbanización, la disminución de las tasas de fertilidad, el envejecimiento, el aumento del acceso a la educación y la reducción de la pobreza, aunque los desequilibrios permanecieron. En la próxima era, es probable que muchas economías experimenten un estancamiento o incluso una reducción de las reservas de personas en edad laboral y un rápido aumento de la proporción de personas mayores en la población general. Se estima que el 75% del crecimiento del PIB de Latinoamérica en 2019 se debió a la incorporación de personas a la fuerza laboral, y 25% a mejoras de productividad. Este modelo de crecimiento impulsado por la mano de obra se complementa con la población joven en edad de trabajar. Pero la capacidad de América Latina de confiar en la expansión de la fuerza laboral para impulsar el crecimiento no durará mucho más. La región está envejeciendo rápidamente a medida que las tasas de natalidad caen y la esperanza de vida aumenta. Sin un cambio hacia un nuevo paradigma de crecimiento, que sea impulsado por la inversión y la innovación, la demografía cambiante de la región podría presagiar una desaceleración regional. Latinoamérica quizás tenga 20 años para desarrollar un nuevo modelo de crecimiento junto con un nuevo contrato social que aborde la desigualdad arraigada. 4. Sistemas, recursos y energía Durante la era de los mercados, el consumo mundial de combustibles fósiles cada vez más abundantes siguió aumentando, pero ese mayor acceso a los recursos energéticos vino acompañado de una mayor conciencia sobre los daños causados al clima. Muchos países se han comprometido a esforzarse por lograr emisiones netas de carbono cero y la atención ha pasado de la inversión en combustibles fósiles a la inversión en sustituirlos. Sin embargo, en la nueva era, los países bien pueden tener que lidiar con una paradoja: el ritmo actual de inversión en energías renovables es demasiado lento para satisfacer las ambiciones de reducción de las emisiones de carbono, pero la inversión en combustibles fósiles puede ser demasiado baja para compensar el déficit de suministro energético. Alcanzar el net-zero requerirá un aumento significativo de la inversión energética global, pero la guerra en Ucrania y el endurecimiento de las condiciones financieras globales podrían desafiar la velocidad de la transición. Muchas economías de la región dependen de los combustibles fósiles para obtener ingresos y divisas. Al mismo tiempo, la región disfruta de algunas de las mejores condiciones a nivel mundial para la generación de energía renovable, incluyendo energía hidráulica, eólica y solar. América Latina es asombrosamente rica en recursos naturales: cuenta con alrededor de la mitad del litio del mundo, 36% del cobre y 16% del níquel. Se estima que Brasil tiene una de las mayores reservas de tierras raras fuera de China. La región también tiene la mayor parte del aire, el agua y la biodiversidad que el mundo necesitará para alcanzar la meta de cero emisiones netas. Como tal, tiene una oportunidad única de apoyar la descarbonización global, desde cadenas de valor renovables hasta la captación de carbono forestal. 5. La capitalización La región parece estar recuperándose del impacto económico inducido por la pandemia, pero la inflación sigue siendo alta y la deuda pública se ha disparado a más de 70% del PIB. Pero hay un desafío a largo plazo: aumentar la productividad. Desde principios de la década de 1980 la tasa de crecimiento de la productividad de América Latina ha promediado sólo 0.4%, alrededor de una quinta parte del promedio de las economías en desarrollo a nivel mundial. Las economías emergentes comparables de Asia y Europa del Este han experimentado un rápido crecimiento económico real per cápita. América Latina no lo ha hecho. ¿Qué podría hacer para unirse a sus filas? Algunas de las áreas a considerar son la apertura más rápida a la inversión en nuevas tecnologías; la integración de los mercados de la región, respaldada por una mayor cooperación institucional; y la garantía de que el entorno empresarial fomente la competencia. ¿Cómo podrían pensar los líderes latinoamericanos sobre el camino a seguir? Responder a la turbulencia y los mayores desafíos de hoy incluyendo la desaceleración del crecimiento económico, la inflación, la seguridad energética, el cambio climático, las tensiones políticas y el estrés en la cohesión social puede parecer abrumador, pero hay motivos para el optimismo. En el periodo de posguerra, a pesar de periodos intermitentes de disrupción significativa, el mundo en su conjunto se transformó. La proporción del crecimiento del PIB global proveniente de países de ingresos bajos y medios se elevó por encima del 50%, pero aún opera muy por debajo de su potencial total, tanto como región como a nivel de sus países constituyentes. América Latina posee fortalezas intrínsecas extraordinarias: una población de más de 600 millones con una alta proporción de adultos jóvenes, enormes reservas de minerales y abundantes recursos energéticos, y amplia biodiversidad. Podría surgir un círculo virtuoso en el que la inversión y la innovación aumenten la productividad, incrementen los ingresos públicos y privados y creen el inventario de capital, humano y de otro tipo, para permitir un mayor crecimiento. ¿Podrán sus líderes aprovechar la turbulencia actual para forjar un nuevo camino a seguir? La primera parte de la respuesta es que no hay tiempo que perder. Por: Carlos Buitrago, socio de McKinsey & Company y Office Manager de McKinsey en Ecuador.