El Banco Mundial (BM) reconoce que las actividades agrícolas, forestales y los cambios en el uso de la tierra son responsables de alrededor del 25% de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI). Por este motivo, el BM advierte que el sector agrícola es fundamental para abordar el desafío climático. En 2015, varios países, entre ellos Ecuador, adoptaron el Acuerdo de París con el objetivo de estabilizar el incremento de la temperatura media mundial y disponer de flujos financieros mayores para impulsar proyectos de desarrollo de bajas emisiones. En este sentido, la banca es clave para cumplir los objetivos del acuerdo. En Ecuador, los bancos han incrementado el financiamiento verde y social para luchar contra el cambio climático y sus efectos. Además, impulsa líneas de crédito para financiar proyectos como la generación de energías limpias y renovables; la optimización de agua en los sistemas de riego y en las plantas de producción; proyectos de reciclaje, agricultura orgánica, vivienda sostenible, movilidad sostenible, entre otros. En una conversación con María Eugenia Sosa, coordinadora regional de la Iniciativa Financiera del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (UNEP FI, por sus siglas en inglés), comenta que nueve bancos ecuatorianos se adhirieron a los Principios de Banca Sostenible de UNEP FI, en diciembre de 2019. Por primera vez dentro de la iniciativa, un grupo grande de bancos se une a manera de bloque, convirtiendo a Ecuador en el país con la mayor participación de aliados bancarios hasta ese momento. Los Principios de Banca Responsable buscan que los bancos alineen sus negocios a marcos sostenibles como el Acuerdo de París, los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), entre otros. Pero, ¿cuáles son los pasos para que la banca impulse proyectos de bajas emisiones? María Eugenia comenta que uno de los primeros pasos para los bancos es mirar y analizar sus portafolios, identificar a los sectores que financian y los impactos ambientales que generan. El siguiente paso implica que las instituciones avancen al siguiente nivel: generar una estrategia para la descarbonización de su cartera crediticia. “Para eso es necesario que el banco mire cuáles son las metas del país y del mundo, respecto a cómo disminuir el uso de energía termoeléctrica y cómo aumentar el uso de energía renovable, como biomasa o eólica”, afirma Sosa. Según su visión, esta no es la única tarea. Los bancos también pueden hablar con sus clientes y brindar asesoría sobre nuevas líneas de negocios o cómo mejorar los productos y servicios financieros a favor de la lucha contra el cambio climático. La exclusión de líneas de crédito Sosa considera que los bancos deben implementar finanzas sostenibles a través de cambios en las políticas crediticias. Según datos de UNEP FI, para la descarbonización, el 50% de la cartera crediticia de los bancos debe apuntar a un cambio de la matriz energética y el otro 50% a un cambio en la matriz de procesos productivos. En esta última está la gestión de los residuos, agricultura sostenible, tratamiento del agua, embalaje y plástico. Sosa enuncia que, en Sudamérica, los bancos, empresas y personas están en proceso de transición hacia la descarbonización, a través de proyectos de agricultura sostenible, acuacultura, energía renovable y economía circular. Sin embargo, cambiar las políticas crediticias implican un riesgo al portafolio de los bancos. Incluso, el Banco de Desarrollo de América Latina (CAF) reconoce que los riesgos climáticos deben incorporarse en los modelos de ponderación del portafolio, a fin de establecer un esquema apropiado de aprovisionamiento y soporte de capital. Por esto, CAF recomienda aumentar los recursos interinstitucionales dedicados al análisis de las amenazas del cambio climático sobre el sistema financiero, más allá de la evaluación individual ejercida por cada entidad bancaria. De esta manera, los bancos deben visualizar las nuevas oportunidades de negocio, teniendo en cuenta que varios reguladores ambientales del mundo señalaron que los riesgos climáticos también representan riesgos sistémicos para las economías, concluye. Pero, además del compromiso de los bancos, los clientes de las instituciones financieras también tienen la responsabilidad de mirar opciones de negocio que aporten a detener el cambio climático. Es decir, esta es una tarea de todos. Un reto para la banca La Coordinadora Regional de UNEP FI considera algunos obstáculos en Sudamérica para cambiar las líneas de negocios hacia la descarbonización. Actualmente, las carteras crediticias en la región están enfocadas, sobre todo, a las actividades agrícolas, petróleo y gas. “Esto no significa dejar de hacer negocios, dejar de trabajar con un determinado cliente o no destinar más dinero en sectores como el petrolero. Al contrario, la idea es que el banco apoye a ese cliente hacia la transición, por ejemplo, a tener productos más eficientes a largo plazo”. Sin embargo, hay casos donde grupos ambientales e indígenas han obligado a detener el financiamiento a actividades extractivas. En enero de 2021, debido al cambio climático, los bancos Credit Suisse, BNP Paribas e ING anunciaron que ya no financiarán las operaciones de petróleo en Ecuador y establecieron objetivos para redirigir esos recursos a energías renovables. En Sudamérica, los bancos estan trabajando en paquetes de productos que conduzcan hacia una economía más verde. Aunque hay un compromiso de por medio, los retos aún son muy grandes. Finalmente, los bancos ecuatorianos están bien enfocados, y comprometidos con el cambio climático, esto es una noticia positiva y, sin duda, plausible para el país.