Esta estructura alcanza 294 metros de altura, equivalente a un edificio de 100 pisos, y se erige como la torre más alta construida en el mar a nivel mundial. La obra forma parte de un ambicioso proyecto para conectar la isla de Zhoushan con el continente mediante puentes y túneles que superan aguas marítimas complejas. Su ubicación en el Canal Xihoumen presenta desafíos extremos, con corrientes que alcanzan 14 km/h y una profundidad superior a 60 metros. También puedes leer: IoT en la construcción: datos inteligentes para proyectos eficientes y usuarios satisfechos. Para su edificación se aplicó una técnica innovadora de cámara de acero sumergible prefabricada, del tamaño de un campo de básquet, anclada directamente en el lecho marino. Posteriormente, se procedió al vertido de hormigón para estabilizar la base, garantizando resistencia ante condiciones adversas. La construcción incorporó tecnologías avanzadas como robots submarinos para inspecciones y soldaduras en entornos de alto riesgo. Drones también monitorearon el proceso en tiempo real, optimizando precisión y seguridad en operaciones submarinas. Este hito refuerza la posición de China en ingeniería de infraestructuras marítimas, demostrando capacidad para superar límites técnicos en proyectos de gran envergadura. La torre facilitará conexiones eficientes y seguras en la región costera.