Este diseño innovador integra nueve zonas cilíndricas apiladas una encima de la otra, encerradas por una fachada interior y una capa exterior ambas de vidrio, que gira a medida que asciende. Esta forma asimétrica, el perfil cónico y las esquinas redondeadas, permitieron reducir las cargas de viento en un 24%, lo que resultó en una estructura más ligera y un ahorro de alrededor de USD 58 millones en materiales. La torre no sólo redefine el horizonte de Shanghái, sino que también introduce el concepto de “urbanismo vertical” con sus innovadores jardines celestiales, que ofrecen espacios públicos apilados verticalmente, tiendas, restaurantes y servicios urbanos en los niveles del atrio. También te puede interesar: Bahareque vs. Hormigón armado: sostenibilidad en sistemas estructurales La Torre de Shanghái integra varias características para reducir su impacto ambiental: la doble fachada de vidrio crea un efecto de termo que aísla el edificio, reduciendo la necesidad de calefacción y refrigeración. Aproximadamente un tercio del edificio está cubierto de vegetación, lo que contribuye a mejorar la calidad del aire y reducir el efecto “isla de calor urbano”. Además, la torre cuenta con turbinas eólicas en su parte superior, para generar energía y sistemas de recolección de agua de lluvia para su reutilización. Estos elementos de diseño sostenible ayudaron a la Torre de Shanghái a obtener la certificación LEED Oro, demostrando su compromiso con las prácticas de construcción ecológicas.