Por desgracia, en las últimas décadas nuestro planeta se encuentra en una situación límite, donde la acción depredadora del ser humano ha generado un cambio climático casi irreversible, causado principalmente por la acción de los gases de efecto invernadero (GEI), entre los cuales, el CO2 desempeña un papel principal. El 40% de dichas emisiones están relacionadas con el ciclo de vida del edificio. Ante este escenario es imperativo acometer una reducción drástica de las emisiones de GEI en la construcción. Ciclo de vida del edificio El ciclo de vida del edificio abarca no sólo su período de vida útil, sino que considera desde la extracción de la materia prima, la fabricación de los materiales y su transporte al lugar de construcción hasta el derribo del edificio y la gestión de los residuos generados. La mayor cantidad de energía consumida y emisiones generadas (un 70% del total) se producen durante la vida útil del edificio, principalmente para climatizarlo (calentar, enfriar, ventilar) e iluminarlo. Por tanto, el primer objetivo consiste en reducir ese consumo. Este objetivo no puede conseguirse únicamente sustituyendo las energías fósiles por otras de origen renovable (solar, eólica, geotérmica…), sino que requiere reducir la demanda energética total del edificio mediante estrategias bioclimáticas en fase de diseño, como la adecuada orientación y tamaño de las aberturas, ventilación natural, uso de protecciones solares, empleo de materiales aislantes o con inercia térmica, etc. Estas estrategias, válidas para obra nueva y rehabilitación, no pretenden ser revolucionarias, sino que simplemente recuperan la lógica de la arquitectura vernácula (tantas veces denostada), que desde tiempos inmemoriales había sido capaz de adaptarse a las condiciones propias de cada lugar (clima, materiales locales, realidad cultural…), y que la arquitectura moderna del siglo XX había olvidado, llenando nuestras ciudades de edificios de vidrio climatizados artificialmente. La reinterpretación contemporánea de los valores intrínsecos de esta arquitectura enraizada a cada contexto debería ser prioritaria. Carbono incorporado y descarbonización El carbono incorporado es la suma de todas las emisiones de GEI liberadas a lo largo de las fases de extracción de materias primas, producción y transporte de materiales hasta el lugar de construcción, y ejecución de obra. La mayoría de materiales utilizados en la construcción (cemento, cerámica, acero, aluminio, vidrio) tienen un alto índice de carbono incorporado, ya que, más allá del expolio de los recursos naturales finitos de la superficie terrestre, requieren temperaturas de fabricación superiores a 1000 °C, que se alcanzan gracias al uso de combustibles fósiles. Es decir, presentan altísimos niveles de energía consumida y emisiones de GEI liberadas. Por otra parte, fomentar el uso de materiales de ámbito local supone una reducción sustancial de las emisiones derivadas del transporte por carretera y transoceánico. Aunque ha habido avances importantes en la industria y la academia para reducir la huella de carbono en estos materiales, -podemos citar, sin ánimo de ser exhaustivos, la sustitución parcial de cemento por escorias y cenizas volantes en el cemento, el uso de combustibles alternativos en hornos, uso de áridos reciclados en el hormigón -, la verdad es que el punto de partida es tan crítico que las emisiones de GEI siguen siendo muy significativas. Una estrategia a menudo minusvalorada consiste en modular y optimizar los diseños para reducir la cantidad de material empleado y los residuos generados. No obstante, frente a la dificultad para reducir la huella de carbono en los materiales mencionados, se antoja mucho más lógico el empleo de materiales “ya descarbonizados”. En este sentido, las técnicas constructivas de bajo impacto basadas en materiales naturales, como la tierra, la madera y otros de origen vegetal no requieren apenas procesos de transformación, o éstos son mínimos. Actualmente, estos sistemas han evolucionado mucho técnicamente, y los niveles de seguridad estructural y durabilidad cumplen los más altos estándares. También te puede interesar: ESPAÑA Vivienda geodésica Circularidad Llegados a este punto, se plantea una pregunta clave: ¿Es posible minimizar el uso de recursos materiales finitos como material de construcción? Esta cuestión capital pone de relieve conceptos clave como la rehabilitación, la reutilización o el reciclaje, y supone un cambio de paradigma en el sector de la construcción. Desde la concepción inicial del proyecto sobre el tablero de dibujo es necesario plantearse el uso de sistemas constructivos que, al final de la vida útil del edificio, no impliquen un derribo masivo e indiscriminado que sólo genere residuos, sino que puedan ser desmontados y reintroducirse nuevamente en la cadena de valor, como sucede, por ejemplo, con los vehículos o los electrodomésticos. Pensemos en cómo las hojas y ramas que caen de un árbol no se desechan, sino que, tras un proceso de descomposición natural, se transforman otra vez en nutrientes para un nuevo árbol. Esencialmente, se trata de sustituir la secuencia: En este sentido, la construcción mediante sistemas ensamblados en seco (y, por tanto, desmontables) facilita una reutilización casi total de los materiales, a diferencia de los sistemas húmedos convencionales (mampostería, hormigón, morteros…). Greenwashing vs visión global No debemos ignorar que en los últimos años la idea de sostenibilidad (y otros conceptos afines) se ha visto prostituida. Muchas actividades económicas se autodenominan sostenibles con objeto de atraer consumidores: turismo, política, industria y, desde luego, construcción, cuando frecuentemente no es más que marketing engañoso: ¡cuántos edificios poco o nada sostenibles se camuflan detrás de unos paneles solares y una cubierta verde! Así mismo, gran parte del sector sigue considerando la sostenibilidad sólo como un ardid para aumentar la edificabilidad y el beneficio económico, sin asumir un compromiso sincero con el futuro del planeta. Por todo ello es imprescindible incorporar los principios de sostenibilidad, descarbonización y circularidad desde un enfoque global, donde a la formación específica de los técnicos se le sume la voluntad política (normativas claras, incentivos fiscales), la concienciación ciudadana para exigir edificios descarbonizados y, obviamente, la implicación de la industria, que deberá garantizar la trazabilidad de los materiales para facilitar su reciclaje en un futuro. Las certificaciones internacionales deben dejar de ser de aplicación discrecional en Ecuador y convertirse en obligatorias, para lo cual los entes implicados, como Ministerios, Municipios y colegios profesionales deben remar en la misma dirección. Nos encontramos ante uno de los mayores retos que la humanidad haya asumido en toda su historia. El reto de las nuevas generaciones de arquitectos e ingenieros, y de la sociedad en general, pasa, si no queremos vernos abocados al desastre, por incorporar los principios de la sostenibilidad y la descarbonización desde este mismo momento como vector indispensable de nuestra actividad y hábitos de consumo. Por: Carlos Miquel, MSc. Arq. Profesor y coordinador del área de Construcciones - Colegio de Arquitectura y Diseño Interior - USFQ