En Great Place to Work® hemos aprendido algo que nunca cambia, las personas no renuncian a las empresas, renuncian a cómo se sienten dentro de ellas. Por eso, hablar de compensación emocional no es hablar de beneficios “suaves”, es hablar del corazón de la cultura. La compensación emocional nace en organizaciones donde las personas se sienten vistas, respetadas y escuchadas, donde un líder reconoce el esfuerzo, confía en su equipo y crea espacios seguros para pensar, disentir y crecer. Es ese “algo” que no se mide en la nómina, pero que transforma la experiencia laboral y, sobre todo, la vida de quienes trabajan allí. Hoy, en un entorno cambiante, las personas buscan bienestar, equilibrio y sentido. Y las empresas que lo entienden construyen una ventaja que ninguna estrategia puede imitar: colaboradores comprometidos porque se sienten valorados, no porque están obligados. También te puede interesar: La nueva divisa para retener talento Después de 20 años en Ecuador, desde Great Place to Work®, lo vemos con claridad: cuando una compañía apuesta por la compensación emocional, no solo retiene talento, lo inspira. La productividad crece, la confianza se fortalece y la cultura se vuelve un lugar donde la gente quiere estar, no donde tiene que estar. Como Country Manager de Great Place to Work Ecuador®, estoy convencida de algo: el salario sostiene, pero la experiencia humana impulsa. Y las organizaciones que lo comprenden se convierten en referentes, porque saben que las personas son, y siempre serán, su mayor activo. “Las empresas trascienden cuando entienden que su mayor activo no es lo que hacen, sino cómo hacen sentir a quienes lo hacen posible.” Por: María Pía Zambrano Chávez - Country Manager de Great Place to Work® Ecuador