El sector de la construcción enfrenta un nuevo tipo de cimiento: el dato. En un mercado con tasas decrecientes, proyectos paralizados y menor inversión, la única vía sostenible de recuperación es la eficiencia. Y esta se logra con inteligencia: artificial y humana. La construcción 4.0 no es solo maquinaria automatizada o BIM en 3D; es un ecosistema donde los datos fluyen desde el terreno hasta el tablero de decisiones. Todo inicia con sensores y plataformas que recolectan información en obra: humedad, vibración, avance, consumo energético. Esa data cruda se ingesta en lagos de datos (data lakes), donde algoritmos la procesan para predecir retrasos, calcular rendimientos o rediseñar cronogramas. Este modelo no es futurista: ya es real. Más del 60% de las grandes constructoras en países desarrollados usa IA para optimizar sus proyectos. En Estados Unidos, su adopción ha crecido un 40% desde 2020. En más de 35 países, el mercado inmobiliario ya opera con modelos predictivos basados en datos para definir precios, estimar demanda o proyectar rentabilidad. Incluso, el 80% de los grandes bancos globales utiliza IA para evaluar riesgos en préstamos ligados al sector construcción. El valor emerge cuando esa información se publica y visualiza para arquitectos, ingenieros, proveedores y clientes. Incluso puede monetizarse mediante modelos que optimizan presupuestos o servicios que ofrecen inteligencia sobre el ciclo de vida de las edificaciones. También te puede interesar: “La arquitectura debe ser un puente entre la naturaleza y la vida humana, creando espacios que protejan y celebren el entorno natural” En contextos como Ecuador, donde el mercado muestra contracción, la IA y el Big Data permiten repensar la industria no desde el cemento, sino desde el conocimiento. El desafío no es solo tecnológico, es formativo. Urge una nueva generación de profesionales que domine herramientas analíticas y entienda el negocio desde una perspectiva digital. Por: Marcelo David Hurtado Argüello, Miembro de Directorio de CITEC