Sin embargo, sí poseen particularidades que los distinguen notoriamente. He tenido la oportunidad de conocer a algunos de ellos, líderes de las compañías más grandes del país, quienes comparten ciertas características. Por ejemplo, son muy efectivos en su capacidad para tomar decisiones y eso marca la diferencia, ya que saben aprovechar las oportunidades. Además, son abiertos a escuchar las opiniones de su equipo y/o de asesores externos. Es decir, se dejan ayudar y no consideran tener siempre la verdad de las cosas. Y suelen ser extraordinarios comunicadores, sintetizan muy bien sus ideas, las transmiten con claridad y motivan con la fuerza de su discurso. Actualmente, la agenda de los CEO también se ha renovado, pues tienen claro que dirigir una empresa, más allá de la responsabilidad de lograr resultados económicos y retorno apropiado al accionista, tiene un alcance adicional: mejorar la situación de sus colaboradores, clientes, proveedores y, en general, del entorno donde se desenvuelven. Sin esos elementos armonizados, su gestión sería incompleta. Por otro lado, existe un gran desafío que viven las empresas, la Cuarta Revolución Industrial, donde la transformación digital es un fenómeno indetenible. Los CEO tienen la enorme tarea de avizorar las oportunidades y riesgos que esta realidad acarreará para sus organizaciones. En ese sentido, gran parte del éxito consistirá en lograr adaptar la cultura hacia un entorno dinámico, disruptivo y donde será frecuente ver nuevas formas de trabajo. En nuestro país, además debemos considerar un elemento permanente, la compleja situación económica que estamos atravesando y que afecta a la mayor parte de empresas. Esto genera otro reto para los CEO, que se basa en tratar de llevar el destino de su organización con prudencia, innovación y buscando pese a todo, crecimiento. Esto implica ser muy enfocado en sus metas y poseer una efectiva estrategia para poder lograrlas. Otra cualidad en común, es que un CEO reconoce la importancia de actualizar sus conocimientos y tiene la voluntad de convertirse en un “estudiante de por vida”, que esté al tanto de los cambios que aparecen en el camino. Así también, es consciente que en muchas ocasiones, tanto o más importante es desaprender y romper viejos paradigmas que lo puedan condicionar en su forma de ver las cosas para adoptar nuevas estrategias que permitan desarrollar eficazmente su negocio. No puede dejarse de mencionar el tema de las nuevas generaciones y su impacto en el mundo empresarial. Los CEO deben ser receptivos y conscientes de que la fuerza laboral actual es distinta, por lo que requiere un tratamiento diferente. Esto quiere decir, promover un entorno inclusivo, diverso, descentralizado, flexible y acostumbrado a otorgar reconocimiento cuando el caso lo amerite. Esa es la manera de crear una organización atractiva y que se nutra de los mejores talentos. Hay un tema que es muy complejo y que no termina de definirse con exactitud: ¿cómo podemos medir la valía de un CEO? Pueden existir distintas formas de determinarlo, pero consideramos que los más exitosos son aquellos que dejan un legado y que no limitan el éxito de una organización a su presencia.Por _ Roberto Estrada, Socio de Deloitte Consulting