La crisis climática, la escasez hídrica y la acelerada urbanización están reformulando los principios del diseño y la edificación. Frente a este contexto, la eficiencia energética y la gestión inteligente del agua emergen no solo como compromisos ambientales, sino como activos estratégicos que definen la sostenibilidad, la resiliencia y la competitividad del entorno construido. En el foro “Innovación Hídrica en Construcción”, realizado el pasado abril, en Quito, representantes del sector empresarial, académico e industrial coincidieron en que la reducción de la huella hídrica debe abordarse con urgencia y visión integral. La industria de la construcción, históricamente una de las más intensivas en el uso del agua, está llamada a liderar este cambio mediante soluciones tecnológicas, culturales y de política pública. También te puede interesar: ITALIA Bosco Verticale Tres pilares de la reducción de huella hídrica La reducción de la huella hídrica puede gestionarse con tres pilares: captación, reutilización y especificación de aparatos de bajo consumo. Sobre estos pilares se pueden implementar sistemas de tratamiento de aguas grises, que permiten reutilizar hasta el 60% del agua consumida en la edificación. Además, la selección de piezas sanitarias con certificaciones como EDGE puede reducir el consumo de agua en más del 20%, sin sacrificar confort. Uno de los ejes del foro fue el aprovechamiento del agua lluvia. José Luis Cevallos, superintendente de Responsabilidad Social y Sostenibilidad de Plastigama Wavin, presentó sistemas de captación pluvial, que permiten redirigir el agua hacia usos secundarios, como riego o limpieza, reduciendo la presión sobre fuentes de agua potable. También expuso sobre el tratamiento descentralizado de aguas residuales en zonas sin alcantarillado, promoviendo su reutilización segura. Desde la industria sanitaria, Sofía Báez, Gerente de Línea de FV, destacó el desarrollo de productos ecoeficientes como inodoros de bajo consumo (4,8 L por descarga), griferías con variadores de caudal y urinarios de medio litro, que permiten alcanzar ahorros de hasta un 70%. “Los usuarios hoy buscan productos que, además de calidad, aporten al cuidado del agua”, señaló. Estos avances han sido reconocidos con certificaciones internacionales como LEED y WaterSense. Por su parte, Juan Pablo Sotomayor, CEO de Imptek, abordó el papel de la impermeabilización como estrategia clave para el manejo del agua en edificaciones. Destacó también que, las cubiertas ecológicas o ajardinadas, que, además de captar agua, mejoran el confort térmico y amplían la vida útil del edificio. Asimismo, presentó innovaciones como emulsiones asfálticas base agua, que reducen emisiones contaminantes en la construcción vial. Más allá de la tecnología, la discusión sobre la sostenibilidad nos ayuda a poner énfasis en la dimensión cultural y social del cambio. Las prácticas cotidianas, la educación del consumidor y la formación desde la infancia son esenciales para una transformación sostenible. Estos planteamientos dialogan directamente con el enfoque técnico de la eficiencia energética y deben entenderse como elementos esenciales para la sostenibilidad y la viabilidad económica y ambiental de los proyectos y no como esfuerzos aislados. Aunque se han alcanzado algunos logros, todavía debemos trabajar desde todos los sectores del país, buscando fuentes renovables de energía como la geotermia -capaz de reducir en hasta 70 % el consumo energético en climatización-, o el uso de paneles solares o microturbinas eólicas, que disminuyen la dependencia de la red eléctrica convencional. La automatización mediante sistemas BMS (Building Management Systems) es otro punto destacado, ya que permite controlar en tiempo real variables como iluminación, temperatura y ventilación, con reducciones energéticas de entre el 10% y el 50%. En iluminación, el diseño arquitectónico pasivo, el aprovechamiento de luz natural y el uso de sensores inteligentes pueden reducir el consumo hasta un 65%. El conjunto de estas tecnologías no solo mejoran el balance energético neto de los edificios, sino que contribuyen a metas de carbono neutralidad. Pero más allá de la tecnología, la discusión sobre la sostenibilidad nos ayuda a poner énfasis en la dimensión cultural y social del cambio. Las prácticas cotidianas, la educación del consumidor y la formación desde la infancia son esenciales para una transformación sostenible. “Podemos tener los mejores productos, pero si el usuario no cambia sus hábitos, el impacto será limitado”, advirtió Báez. Cevallos y Sotomayor coincidieron en la importancia de trabajar junto a las comunidades y en generar alianzas para escalar soluciones efectivas. En ese sentido, también se debatió la necesidad de políticas públicas más inclusivas y accesibles. Si bien existen certificaciones y estándares ambientales, su adopción sigue siendo limitada por costos y falta de incentivos que logren que la sostenibilidad sea adoptada por toda la sociedad y no sea solo una característica de proyectos premium. Los ponentes coincidieron en que el Estado debe jugar un rol más activo, no solo regulando, sino facilitando la transición hacia una construcción más verde y eficiente. La transición hacia edificaciones resilientes, eficientes y conscientes del uso del agua no es solo una necesidad ambiental. Es una oportunidad tangible para redefinir la forma en que diseñamos, construimos y habitamos nuestras ciudades. La innovación hídrica y energética no pertenece al futuro: es el presente que debemos construir, gota a gota y kilovatio a kilovatio. Por: Andrea Pacheco B. PhD en sostenibilidad y regeneración urbana - Viviana Silva, Master in Building and Architectural Engineering