Esto ha pasado en la industria de cosmética y belleza. Este sector se ha visto afectado por la crisis climática y las temperaturas extremas en algunos puntos. Los fabricantes y retailers de productos de belleza ahora afrontan un realidad muy distinta. Hace 35 años, sus cadenas de suministro funcionaban con temperaturas máximas de 100°F (37 o 38°C), mientras que ahora el estándar para hacer pruebas de estabilidad en calor es de 130°F (54°C). Y en los camiones de distribución la temperatura puede llegar hasta los 150°F (65°C). Por un lado, el problema para los fabricantes y vendedores de cosméticos es que cuando los productos se exponen a temperaturas extremas de calor durante largos períodos estos pueden cambiar física y químicamente. Según un estudio del Journal of Cosmetir Chemistry, por ejemplo, el retinor pierde hasta el 80% de su eficacia luego de estar por seis meses a 77°F (25°C); y puede degradarse del 80% al 100% en una temperatura de 104°F (40°C). También te puede interesar: El gigante de la cosmética Revlon se declara en bancarrota Las alternativas con las que cuentan estas industrias incluyen cambios en los empaques de envío. Pero estas tienen dos desventajas. La primera es que consisten en materiales que requieren de más espacio y no son reciclables, lo que incrementaría la huella de carbono de esos productos. Y la segunda es que son alternativas costosas que, inevitablemente, afectaría el costo final y al consumidor. Fuente: Fashionista