La violencia sexual se manifiesta y disfraza de distintas formas. De pequeñas, muchas niñas le tenían miedo al monstruo que, supuestamente, vivía debajo de la cama o se escondía en el armario. Pero, al crecer o, incluso en plena infancia, una sociedad patriarcal y machista les ha arrebatado esta inocencia al darse cuenta que para muchas, esos monstruos habitan en su entorno. Algunos lo disimulan usando máscaras de porcelana, comprando flores o inundando una habitación con regalos. Otros se encuentran tras las rejas porque la justicia recayó sobre ellos, pero aún hay millones de abusadores que caminan campantes por las calles. Sin embargo, todos tienen algo en común: no abren diccionarios y no conocen el significado de la palabra “no” ni de “consentimiento”. Según la ONU, casi una de cada cuatro adolescentes entre 15 y 19 años (24%) ha experimentado violencia física y/o sexual por parte de su pareja. El consentimiento nunca debe darse por sentado por ninguna insinuación, vestimenta o lugar La organización sin fines de lucro, Planned Parenthood, asegura que “la actividad sexual sin consentimiento es una violación o agresión sexual”. Por ello, es de vital importancia conocer cuales son las siguientes interpretaciones, según la ONG, de este concepto. Libre: es una opción que se toma sin presión, sin manipulación o sin la influencia de las drogas o el alcohol. Específico: decir que sí a una actividad específica no es sinónimo de aceptación a cualquier otra intimidad. Informado: solo puedes consentir algo si tienes toda la información al respecto. Por ejemplo, si alguien dice que usará un preservativo y luego no lo hace, no hubo consentimiento. También es violencia si la otra persona no comunica abiertamente que tiene una enfermedad o infección de transmisión sexual antes de empezar cualquier contacto. Reversible: se puede cambiar de parecer sobre lo que se desea hacer, en cualquier momento, incluso si ya lo hicieron antes. Todos, sin importar el género o orientación sexual, tienen derecho a decir “no” y poner límites.