Como ya dice el conocido refrán “preguntando, preguntando se llega a Roma”, de ese mismo modo se debe viajar hasta dar con el valle de Guayllabamba. Ya sea en carro propio, taxi o bus, la visita al Zoo de Quito -administrado por la Fundación Zoológica del Ecuador- es una salida para chullitas, chagras y extranjeros que estén de paso por la Capital del Ecuador. ¡Dígale, señorita que no puede irse volando en el avestruz!, dice entre risas una adolescente, al ver a este animal acercarse hasta el límite de su valla metálica para estirar su larguísimo cuello una y otra vez. Se gana la atención de quienes pasan y mucho más, cuando corretea a una ardilla intrusa. Lo mismo sucede en la sección de cocodrilos, son dos y fueron remitidos desde el Pantanal de Guayaquil. Están tomando un baño de sol y aunque a través del cristal no se nota, el agua de su piscina fue temperada a 28 grados y hay focos de calor para que sientan un clima tropical. ¡Miraaaaa! ¡Woooow! ¡Ayyy qué lindo! Son parte de los gritos de emoción que las personas tienen al observarlos. No es para menos, están frente al vertebrado más grande del Ecuador. Los visitantes se apoyan en el vidrio y los ven moverse sigilosamente, su piel agrietada y seca se cuartea aún más. Parecen intocables. Además, a un costado hay un espacio para fotografiarse creyéndose parte de #LosCocosEnElZoo, como se llama esta estación para que el visitante coloque su rostro en el cuerpo de este gran reptil impreso. Hay montajes similares para salir retratado como abeja,mariposa o un cóndor aviador. Aunque se han nombrado animales que no están en peligro de extinción, en el Zoológico de Quito (ubicado en la parroquia de Guayllabamba), se le da una vida digna a todo el que sigue ingresando. Reciben en promedio 250 especies cada año. Éstas son asignadas por el Ministerio del Ambiente o la Policía Ambiental, que se encargan directamente de los rescates. Para Martín Bustamante, director de este lugar desde 2017, cada animal que llega deja un aprendizaje. “Hacer zoológico, hacer rescate de vida silvestre es complejo”. Asegura que como fundación buscan llegar a un acuerdo ministerial que les permita importar equipos especializados para el cuidado de la fauna que reciben. También te puede interesar: Quilotoa: La laguna con nombre de Princesa y tonos indescifrables Mientras conversa de su tiempo frente al zoológico, hace preguntas para reflexionar en torno a la vida silvestre: ¿Quién cuida a esos animales? ¿Quién garantiza esos derechos? ¿Quién repara? Aunque la Constitución Nacional (2008) considera a los animales como sujetos de derecho, a la práctica es algo que no se cumple ni se vigila. Sin embargo, hay rescates que no llegan a buen término. La última pérdida que tuvo el zoo fueron dos tapires andinos que llegaron con mordidas severas. Como dice Martín, “el descuido de los animales hace que los perros lleguen cada vez más lejos” y el bosque, mientras tanto, se sigue depredando por conjuntos habitacionales. El ser humano sigue siendo el mayor riesgo. El tras cámaras de lo que implica mantener activo un espacio como este es arduo. Se deben cubrir costos de radiografías, análisis clínicos, intervenciones, medicinas, comida y personal administrativo. Ahora son 50 personas las encargadas de sacar adelante este zoo, que funciona gracias a la autogestión que llega principalmente por el valor de entradas. Un verano bien aprovechado De allí que, en este verano considerado de julio a agosto por las vacaciones escolares del régimen Sierra, se alistan más actividades. Un recorrido a lo largo de las 12 hectáreas que posee el zoológico puede tomar dos horas. Incluso, hay un tramo de bosque seco conservado para tener mayor esparcimiento. Al ingreso, lo primero es un mapa para podernos situar. Luego empiezan a aparecer datos curiosos como que el capibara es el roedor más grande del mundo y primo del cuy. Al paso se ven a los monos acrobáticos desmenuzando frutas; más adelante, las llamas machacando hierba y los uillis uiillis (renacuajos) nadando antes de convertirse en ranas. Estos últimos son parte del espacio llamado: “Rana marsupial, la vida en dos mundos” y entender el crecimiento de estos reptiles que son verdaderos híbridos de la naturaleza. Jorge Heredia es gestor de experiencias y cuenta que el verano viene cargado de actividades. Lo primero es que abrirán los lunes en horario regular; lo segundo es que habrá campamentos dirigido a niños o empresas; lo tercero es el programa de semillas en el huerto (actividad gratuita) y finalmente, que cuentan con el programa Artes y Colores que incluye talleres para hacer ranas de origami y de volar cometas. A la vez, se mantienen programas educativos sobre animales en peligro de extinción y sobre la importancia de los insectos. El costo de las actividades pagadas están entre USD 8 y USD 10. Heredia explica que, así como “necesitamos que la gente viva una experiencia, igual procuramos el bienestar animal”. Esto con relación a que el espacio inmersivo de búhos está disponible desde las 14:00, porque el tiempo previo es de descanso para estas aves. Ese cuidado con las especies es lo que prima en este espacio abierto, que está una distancia de una hora y quince minutos desde Quito. Apunta estos datos - Si vas en auto propio debes guardar USD 1,20 para el peaje de Oyacoto de ida y vuelta. - El zoo queda a 20 minutos en auto desde el aeropuerto. - Para llegar en bus la mejor opción es ir hasta el Terminal de Carcelén y de allí tomar un bus a Guayllabamba, como la cooperativa Los Lagos. - Vestimenta: optar por ropa ligera, gafas de sol y mucho protector solar. - La entrada al zoológico es de USD 7 para adultos. - Personas con discapacidad no pagan ingreso. -Empresas, familias o grupos interesados en campamentos, pueden contactarse con el zoo Quito para coordinar la fecha. La duración estimada es de ocho horas. En 1997 el zoológico abrió sus puertas en el terreno de Guayllabamba y fue heredero del antiguo Zoo Amazonas del colegio militar Eloy Alfaro.