Según los últimos reportes, esta industria no solo ha reactivado proyectos habitacionales y de infraestructura pública, sino que ha logrado absorber una parte significativa de la mano de obra que se encontraba en la informalidad. Este fenómeno marca un punto de inflexión, transformando andamios y planos en la base de la estabilidad financiera para miles de familias ecuatorianas. Cifras recientes del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC) refuerzan esta tendencia, mostrando que por cada empleo directo generado en una obra, se crean aproximadamente 1.5 empleos indirectos en sectores conexos como el transporte, la metalmecánica y el comercio de materiales. Esta reacción en cadena ha permitido que el empleo formal en el sector crezca de manera sostenida, cerrando el año con una participación vital en el Producto Interno Bruto (PIB). La construcción no solo edifica estructuras, sino que está reconstruyendo el tejido social a través de contratos con beneficios de ley y seguridad social. También te puede interesar: Edificio LUZ, el nuevo ícono frente al parque La Carolina Un dato clave que impulsa este auge es la inversión en infraestructura logística y conectividad. De acuerdo con el Banco Central del Ecuador, la inversión en formación bruta de capital fijo en este sector experimentó un repunte del 4.2% en el último tramo del año, motivada por la ejecución de proyectos viales y la modernización de zonas urbanas. Este flujo de capital ha permitido que las empresas constructoras amplíen sus nóminas, priorizando la contratación de jóvenes profesionales y técnicos especializados, un segmento que históricamente enfrentaba barreras de entrada al mercado laboral. El impacto no es solo numérico; es un alivio para el sistema de seguridad social. Al cierre de 2025, el incremento del empleo formal en las obras ha significado un aumento directo en las afiliaciones al IESS, mejorando la sostenibilidad del sistema gástrico-financiero del Estado. Los expertos señalan que, a diferencia de otros sectores más volátiles, la construcción ofrece una "ancla" de estabilidad, ya que los proyectos a mediano y largo plazo garantizan periodos de ocupación más extensos, reduciendo la rotación laboral que tanto afecta a la economía local. Hacia 2026, el desafío será mantener este ritmo. La sinergia entre las alianzas público-privadas y el acceso a créditos hipotecarios con tasas preferenciales será determinante para que los cascos blancos sigan multiplicándose en las calles. Si la tendencia se mantiene, la construcción no solo será recordada como la industria que reactivó el empleo, sino como la solución estratégica que permitió al Ecuador pasar de la resiliencia a un crecimiento económico tangible y con rostro humano.