La historia ha cambiado. Con los asentamientos humanos, ciudades enteras viven un estilo de vida sedentario. Las estadísticas hablan por sí solas: la OMS estima que el 60% de la población mundial no realiza actividad física. Pero parece que nuestro cuerpo recuerda esa necesidad de movimiento, por eso, a la larga, se enferma cuando no está en actividad. Otro estudio (OMS, 2018) decía que al menos una cuarta parte de la población adulta del mundo (1.400 millones de personas), corre el riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2, demencia y cáncer debido a sus hábitos sedentarios. Hoy, esa cifra varió con la pandemia que, entre otras cosas, encerró a gran parte del mundo en sus casas. Según el estudio “The Urgent Need for Recommending Physical Activity for the Management of Diabetes During and Beyond Covid-19 Outbreak”, publicado en la revista especializada Frontiers in Endocrinology, “la reducción de la actividad física experimentada durante los primeros meses de la pandemia podría conducir a un aumento anual hasta 11,1 millones de nuevos casos de diabetes tipo 2 y provocar más de 1,7 millones de muertes en todo el mundo”. Y cuando hablamos de la relación con la salud mental, la cifra es igual de preocupante. Pero la época en la que vivimos puede ser la oportunidad para un cambio positivo. De acuerdo a expertos, de la Organización Panamericana de la Salud, el 40% de los cánceres se pueden prevenir con medidas simples, todas relacionadas al bienestar del cuerpo. Una de las grandes lecciones que nos dejó 2020 es que la salud no puede dejarse de lado. Muchas veces pensamos que no es nuestra prioridad. A veces preferimos ver una serie de TV en nuestro tiempo libre o comer comida chatarra, en lugar de prepararnos comida sana en casa o practicar un nuevo deporte. ¡Qué gran error! La falta de salud nos priva y aleja de nuestro máximo potencial, trayendo consecuencias negativas a corto, mediano y largo plazo. Si busca hacer ese cambio positivo, comience por observar sus hábitos, cómo se sienta, cómo se alimenta, cómo respira, cómo se comunica y, sobre todo, cómo se habla a usted mismo. Comience por mejorar su actitud y trabajar más en su autoestima. Le recomiendo que repita diariamente en su mente y luego con palabras: “Soy saludable”. El cerebro necesita auto-motivación para realizar cambios, ya que salimos de nuestra zona de confort. PAUSAS DE BIENESTAR Y SALUD Diariamente destine un espacio en su agenda de 30 minutos para realizar actividad física. Busque lo que más le guste, puede ser Yoga, Tai Chi, ejercicios funcionales, caminatas, baile, lo que prefiera. Este cambio de vida no estará completo si no decide alimentarte de manera inteligente. Si le gusta el dulce, le recomiendo consumir una porción diaria (80-100 gramos) de frutas y de verduras, se reduce un 20% el riesgo de padecer cáncer de boca y un 30% el riesgo de cáncer de estómago. Por otro lado, en los granos y cereales encontramos altos componentes de fibra, si se ingiere un promedio de 27 gramos al día, puede disminuir en un 20% el riesgo de padecer cáncer de intestino. Este consumo le ayudará a sentirte satisecho por más tiempo. La ingesta de más agua, también fundamental para cuidar su cuerpo ya que permite el transporte de los nutrientes por nuestro cuerpo y ayuda a eliminar los desechos. EL CUERPO NO ESTÁ AISLADO DE LA MENTE Ahí radica la importancia de cuidar la salud mental. Las emociones juegan un papel preponderante en el bienestar. El estrés y la ansiedad no solo perjudican su bienestar, también su concentración, memoria y productividad, por ende, su vida laboral y hasta puede desencadenar la depresión. Pero, ¿cómo trabajar en su salud mental? La respuesta está en las primeras líneas de este artículo: el movimiento. Como finaliza la canción de Jorge Drexler: “si quieres que algo se muera, déjalo quieto”. Invertir en su bienestar se reflejará en su salud y autoestima, también en su vida profesional y personal; su comunicación será positiva y empática.Conozca más sobre cómo cuidar su salud