La aplicación selectiva de leyes draconianas sobre datos y espionaje asusta a las empresas occidentales. A juzgar únicamente por el flujo constante de ejecutivos occidentales que cruzan el Pacífico, China está retomando su actividad donde la dejó antes del inicio del Covid-19. En las dos últimas semanas, Elon Musk, de Tesla, fabricante de coches eléctricos, se reunió con funcionarios en Beijing en su primer viaje al país en más de tres años. Al mismo tiempo, Jamie Dimon, de JPMorgan Chase, el mayor banco de Estados Unidos, celebraba en Shanghái una conferencia que reunió a más de 2.500 clientes de todo el mundo. Cientos de peces gordos del mundo de los negocios han realizado viajes similares en los últimos tres meses. Los altos cargos del Presidente Xi Jinping los han recibido con el mantra de que, tras un paréntesis pandémico, “China vuelve a los negocios”. Sin embargo, una vez que los ejecutivos se instalan, muchos encuentran el lugar mucho menos acogedor. En abril, el gobierno reforzó una ley anti espionaje, ya de por sí estricta y, según el Wall Street Journal, puso al jefe de espionaje chino al frente de la represión de las amenazas a la seguridad planteadas por las empresas estadounidenses. Los funcionarios invocan leyes vagamente redactadas relacionadas con los datos, introducidas durante la pandemia, que dejan perplejas a muchas empresas extranjeras, estadounidenses o no. Algo tan inocente como compartir una firma de correo electrónico, considerada en algunas interpretaciones de la legislación china sobre datos como información personal, con un destinatario en el extranjero puede meterte en un lío. El espacio para los extranjeros que hacen negocios en China ya se estaba viendo limitado por las restricciones que sus propios gobiernos, encabezados por el estadounidense, han impuesto a las empresas chinas en medio de las crecientes tensiones geopolíticas; más de 9.000 empresas chinas se han visto afectadas por sanciones occidentales, según Wirescreen, un proveedor de datos. Ahora Xi está reduciendo aún más el margen de maniobra de las empresas. Peor aún, incluso los movimientos cautelosos dentro del margen que queda pueden invitar al desastre. Una serie de casos espectaculares en los últimos meses ha provocado escalofríos entre los ejecutivos extranjeros. En marzo, cinco empleados locales de Mintz Group, una empresa estadounidense de diligencia debida, fueron detenidos por lo que muchos sospechan que fue una posible infracción de las leyes locales relativas a la seguridad de los datos. Un mes después, las autoridades iniciaron una investigación sobre Bain, consultora con sede en Boston, por transgresiones aparentemente similares. En mayo, la televisión estatal emitió imágenes de la policía hurgando en las oficinas de Capvision, una empresa multinacional de investigación. En la conferencia de JPMorgan, las conversaciones del cóctel giraron, sotto voce, en torno al caso de un banquero chino muy conocido en los círculos empresariales extranjeros, cuya detención, según se supo durante la velada, se prorrogaría tres meses más por motivos no especificados. Mintz afirmó que “siempre ha operado de forma transparente, ética y de conformidad con las leyes y reglamentos aplicables”. Bain, por su parte, “coopera adecuadamente con las autoridades chinas”. Capvision prometió acatar con determinación las normas de seguridad nacional de China. No está claro por qué las autoridades apuntaron a los asesores, aunque corren rumores de que tenía que ver con la investigación en Xinjiang, donde Estados Unidos acusa a China de utilizar mano de obra forzada, y en la industria nacional de semiconductores, que Estados Unidos espera debilitar mediante la retención de chips avanzados. Sin embargo, la falta de claridad puede hacer que las cosas sean aún más escalofriantes.También te puede interesar: Exportaciones de América Latina sufren una fuerte desaceleraciónAlgunos extranjeros están tirando la toalla. El 6 de junio, Sequoia Capital, uno de los pilares de la industria de capital riesgo de Silicon Valley, decidió separarse de su rama china, que se convertirá en una empresa independiente. El 10 de junio, el Financial Times informaba de que Microsoft trasladaría de China a Vancouver a varias docenas de investigadores de inteligencia artificial, en parte para evitar que sean cazados por sus rivales chinos, pero también por temor al acoso de las autoridades chinas. El jefe de un gestor de activos suizo susurra: “No creo que se pueda invertir [en China], sinceramente”. Muchos extranjeros coinciden. Aun así, para la mayoría de ellos China sigue siendo un premio demasiado grande como para renunciar a él. Los que se quedan deben aprender a convivir no con una superpotencia, sino con dos. Fuente: INFOBAE