El expositor, que habló en el evento sobre la importancia del ecosistema financiero en el desarrollo de la empresa privada, analiza en esta entrevista cuáles son los desafíos que todavía enfrentan las empresas privadas luego del boom de la digitalización que trajo la pandemia. Para Ponce, las empresas más grandes supieron aprovechar la ola y responder a un entorno de mayor demanda de servicios tecnológicos, sin embargo, cree que las empresas más pequeñas están rezagadas y con la vuelta a la normalidad podrían quedar aún más. Para que la digitalización en el comercio crezca, dice, es necesario un cambio de cultura y de normativa. ¿Qué desafíos enfrentaron las empresas ahora que la pandemia nos obligó a ser más digitales? El gran desafío que empezó enfrentando el sector privado fue adaptarse rápidamente a un modelo de gestión y de día a día distinto al que venía manejando hasta el 15 de marzo de 2020. El gran reto que se viene gestionando ahora de una forma más acelerada es el ajuste de procesos, plataformas y sistemas de información, y sobre todo, el ajuste de las culturas organizacionales. Por ejemplo, hay muchas empresas que trabajaron por años en un mismo esquema definido en ciertas plataformas en su relación con los bancos, y en este contexto de pandemia tuvieron que cambiar todo sin aviso. Ese cambio hizo que las empresas tengan que repensar todas sus gestiones, adoptar posibilidades y servicios nuevos con los bancos, servicios que quizás los bancos ya ofrecían antes de la pandemia, pero que tal vez no se los tomaba porque no se los consideraban necesarios en su momento. El gran desafío ha sido esa adaptación rápida para poder continuar o evitar que la continuidad del negocio se vea afectada. Si bien la pandemia impulsó una rápida adopción de herramientas digitales, este año las cosas volvieron un poco a la normalidad. ¿Cree que en 2022 volvamos a la normalidad y se pierdan los avances en adopción digital? Las empresas y las personas que hicieron cambios conceptuales durante la pandemia vieron las ventajas de utilizar las nuevas tecnologías en su día a día y se dieron cuenta de que eso no era una necesidad solo en ese momento, sino para el futuro; notaron que estos cambios ahorran mucho tiempo, costos y esto además tiene un componente ambiental muy importante. Entonces no creo que quienes durante la pandemia migraron a la utilización de nuevas tecnologías den un paso atrás, pero siento y pienso que lo avanzado es solo de un grupo pequeño o mediano de empresas. Hay muchas empresas pequeñas que no han tenido esa capacidad de transformación todavía y para ellas la curva de cambio va a ser un poco lenta, sobre todo ahora que se está retornando a cierta normalidad y ya no existe la presión de que si no me transformo no puedo continuar con el negocio. Ese tipo de presiones de mercado siempre van a ayudar a que los cambios se den más rápidamente y así también, a medida que la presión baja el cambio se demora un poco más. Las nuevas generaciones de clientes buscan cada vez más personalización, inmediatez y consciencia social por parte de las empresas, ¿cree que el sector privado ecuatoriano está listo para responder a esas demandas de las nuevas generaciones? Creo que en su mayoría todavía no están listas. Las empresas no nos dimos cuenta de la necesidad de tener plataformas de monetización de los negocios en línea hasta que llegó la pandemia. Veíamos al uso de plataformas electrónicas o la digitalizacion de ciertos procesos básicamente como el simple uso de redes sociales, pero no estábamos listos para monetizar el uso de redes. Este es un tema cultural del país, en Ecuador hay mucho miedo a compartir datos de tarjetas en plataformas o datos personales más específicos como direcciones exactas o teléfonos y eso sigue siendo una barrera importante en el momento de desarrollar o cerrar el ciclo de las transacciones electrónicas en el país, en donde la banca juega un papel importantísimo. Hemos visto que nuevas plataformas de medios de pagos no asociados a un banco han aprovechado un poco ese déficit de atención en temas digitales para tratar de capturar algo de mercado. Pero pese a ello, el mercado del comercio electrónico en general es pequeñísimo en el país y ahí hay una gran oportunidad, más allá de crear plataformas y de crear nuevas herramientas, el reto es transformar ese tema cultural. Tanto la banca como todos los actores importantes de canales digitales deben enfocarse en el cambio de cultura de la gente, empujar en conjunto hacia la tendencia mundial que es tener cada vez mayor comercio electrónico. ¿Cómo lograr ese cambio de cultura en los ecuatorianos si pese al avance de la tecnología continúan prefiriendo el manejo de efectivo? Las campañas desde el lado de las empresas, de la banca y de los medios de pago deben ir hacia mostrar las ventajas de uso de estos canales digitales, mucha gente no los conoce. Quien empieza a ser un cliente asiduo de estas plataformas de compras digitales es quien ya lo ha usado afuera, por ejemplo, quien ha usado Amazon o ha contratado servicios en el exterior con tarjetas de crédito. Pero el común de los ciudadanos tiene miedo a poner su información financiera en una plataforma por temor a incidentes de ciberseguridad. El enfoque más que a la promoción de la plataforma debe ir a promocionar las ventajas de ir caminando hacia este tipo de transacciones independientemente de la plataforma que se use. ¿Cuál debería ser la dinámica ideal en el ecosistema financiero en el que trabajen de manera óptima empresas, entidades financieras y nuevos jugadores digitales? Las empresas grandes y medianas han venido trabajando de manera rápida en irse adaptando en conjunto e ir absorbiendo las iniciativas que salen de la banca, y viceversa, la banca también escucha el feedback de las necesidades de las grandes y medianas empresas, pero creo que los más pequeños sí necesitan un poco más de tiempo y de profundización en la escucha de esas necesidades que no son ni de cerca las mismas que las de los más grandes. Aquí hay un punto adicional y es que el nivel de bancarización en el país, aunque ha tenido unos buenos años de crecimiento, le falta mucho todavía para estar a nivel de la región y mercados más maduros. Entonces, preguntémonos cuál es ese diferencial que hay entre la cantidad de usuarios de redes sociales mayores de edad vs. la cantidad de cuentas de ahorro o corrientes que hay en el país, ahí nos damos cuenta de que hay una diferencia gigante por cubrir. No es que estas personas no sepan cómo funcionan las herramientas tecnológicas, porque en efecto sí tienen una red como Facebook o Instagram podrían abrir una cuenta a través del teléfono celular. ¿Qué aprendizajes les dejó la pandemia a las empresas ecuatorianas? ¿Cómo describirían el 2021 y qué esperan de este escenario post pandemia de 2022? El 2021 fue un mejor año que 2020, nada se compara a los meses de paralización, sin embargo, el mercado no se ha recuperado del todo. Hay industrias a las que tomará unos años volver al escenario prepandemia, sobre todo al turismo. El hecho de que se haya vuelto un poco a la normalidad en 2021 luego de la campaña de vacunación ha generado buenos resultados, pero todavía estamos por debajo de los indicadores prepandemia en todas las industrias. En 2022 estimamos que podríamos llegar a niveles prepandemia en cuanto a ventas y generación de ingresos, pero todo dependerá de cómo avance la pandemia, que aún no se termina. Estamos viendo una nueva cepa (Omicron), la transformación del virus es un factor que a la gente la tiene muy nerviosa y el desconocimiento sobre nuevas mutaciones podría implicar de nuevo que las cosas se paralicen. Mientras no haya una estabilización y disminución de contagios comprobada por más tiempo, los siguientes años serán parecidos al 2021; es decir habrá momentos de tranquilidad y otros de mayores incertidumbres. Esa volatilidad es difícil de manejar y va a afectar los costos de materias primas e incidirá en la inflación. El año que viene esperamos que sea un poco mejor, pero nada es seguro. Esta variante y la incertidumbre en torno a lo que pasará hace que el tema digital siga siendo prioritario para las empresas. ¿Pensar en digital va a ser el centro de la gestión de empresas como Nobis? Más que ser el centro, yo creo que conservar el cuidado y la seguridad de la gente es lo principal, el resto de los temas son el vehículo o las herramientas que te permiten ir en ese camino. La digitalización es una de esas herramientas, porque mientras más procesos tengas digitalizados, sin tanta necesidad de participación o de contacto directo con la gente, es mejor y más ágil. Aunque siempre va a ser necesario ese contacto personal, hay ciertos procesos que hoy se hacen personales pero no necesariamente debería ser así. Una mayor digitalización de procesos es clave para disminuir la incertidumbre de estas volatilidades de la pandemia. En Ecuador, hay algunos desafíos que van más allá de lo que pueden controlar las empresas y son más un problema de normativa. Uno de los grandes temas a los que nos enfrentamos es que hay muchos procesos que aunque podríamos digitalizarlos, no son válidos de acuerdo a la normativa, por ejemplo, las firmas electrónicas en documentos públicos como los que se hacen en una notaría para una hipoteca o una transferencia de dominio; por más que digitalices eso, en la práctica no sirve de nada porque no es un documento legal. Este tema es muy importante y hay un trabajo muy necesario y urgente que hacer, porque así como las empresas, la banca y el cliente se van adaptando a la digitalización, la normativa tiene que irse adaptando también, de otra manera, no sirve de mucho la inversión que puedas hacer desde la empresa privada. A nivel mundial vemos un avance de las Fintech, BigTech y empresas de retail que están entrando a ofrecer servicios financieros bajo la tendencia del banking as a service. ¿Cómo ve este avance en el mercado ecuatoriano y qué desafíos cree que plantea? El mundo está yendo hacia allá, el Ecuador no va a estar en contra de esa tendencia. Tal vez vayamos más lento, pero vamos en esa dirección. Quizás uno de los cambios debería darse en el aspecto normativo, sin embargo, creo que incluso puede ser salvado este problema en algunos casos creando ciertas plataformas fuera del Ecuador para que desde afuera den servicios en el país, creo que eso es un poco manejable. Para lo que más se necesita es que la cultura de uso de herramientas digitales siga fortaleciéndose. Primero tenemos que usar lo que ya está disponible y lograr que exista mucho más dinamismo en las herramientas existentes, para luego ir migrando a herramientas más complejas o modernas. Hay muchas iniciativas que han nacido de innovadores y fundadores ecuatorianos y que han tenido más éxito en otros países y no en Ecuador y es básicamente porque en Ecuador no terminamos de fortalecer la cultura del uso de las herramientas tecnológicas para nuestro día a día, más allá de las redes sociales. Es importante esa profundización, el foco de quienes lideran este tipo de iniciativas en Ecuador debe estar más en el cambio de cultura del usuario que en la promoción de las herramientas como tal. Mientras la cultura no cambie, todas las inversiones van a ser un gasto.