El conversatorio estuvo moderado por Claudia Arteaga, Directora Ejecutiva de Fundación FIDAL. María Eileen inició calificando este compromiso como la habilidad de responder a una situación no planificada, que está rodeada de incertidumbre. Así, la principal responsabilidad como padres, hijos, profesores y comunidad educativa en general, tiene que ver con el cuidado de uno mismo. Desde este sentido, la experta destacó tres aspectos fundamentales: Cómo uno está aprendiendo a gestionar las emociones. Cómo estabilizar la fisiología propia. Cómo cuidar del resto. Como complemento, aclaró que los niños no tienen la capacidad innata de la regulación, la cual se va desarrollando durante el crecimiento, y al no tenerla, esto puede generar un impacto en los padres y maestros. Ahí es cuando la corregulación cobra protagonismo, a través de un abrazo que dure más de seis segundos, preguntando cómo se siente y principalmente, desde la confianza como un acto de amor. A continuación, Fausto Segovia resaltó la difícil realidad que las familias están enfrentando, desde cambios en la institucionalidad del matrimonio, la violencia intrafamiliar, el impacto de las cuatro pantallas: televisión, videojuegos, computador, y celulares. Frente a esta situación de crisis de valores apuntó que, hay diferentes actitudes como la indiferencia, negativismo, maltrato, por lo que es necesario establecer nuevos escenarios. Para el expositor, el libro Familias Nutritivas de Virginia Satir, con su propuesta de la asertividad, es trascendental ante las reacciones previamente enumeradas y desde el planteamiento de ver lo positivo de la gente. Además, esta estrategia recomienda ser firmes, no autoritarios. Segundo, la empatía, ponerse en lugar de los otros. Y tercero la racionalidad, con sentido común. Todo esto se resume en un valor fundamental, que es la confianza y la cual debe generarse en la familia y en la escuela. El rol del maestro durante esta pandemia, fue abordado por Alegría Crespo. Bajo su criterio, este periodo fue una época fabulosa para revalorizar la labor del educador. El cual, frente a la mayor transformación educativa del siglo, ha convertido su dormitorio en un aula y, con su creatividad y recurso, ha logrado mantener la atención de 20 o 30 niños. La catedrática también tocó tres puntos vitales para mejorar la calidad de la docencia: La importancia de que los padres no critiquen el trabajo del educador, sino lo apoyen. Ya que este ha estudiado y se ha capacitado para desarrollar sus clases. La triangulación, esta está compuesta por los padres, escuela y niños; enlazados en un trabajo como equipo para lograr sinergia para empujar los proyectos educativos. La capacitación del maestro en herramientas digitales, con todos los insumos tecnológicos necesarios y una conectividad a nivel territorial. Así, la formación continua y a largo plazo por parte del estado y el sector privado garantizará un cuerpo docente preparado.