Con apenas USD 20 en el bolsillo y una maleta llena de sueños y esperanzas, Miguel llegó a territorio desconocido, a un país “dolarizado” que prometía estabilidad. Y aunque consciente de la complejidad del desafío que enfrentaba, su fe inquebrantable lo guió en cada paso que dio. Miguel decidió invertir cada centavo que poseía en su formación en el mundo de la peluquería, porque considera que “la educación es una herramienta fundamental para cuando lleguen las oportunidades, estés preparado para tomarlas”. A la temprana edad de 12 años, asumió el papel de asistente de peluquería, como si el destino mismo hubiera trazado su camino hacia este entorno. Era innegable que su pasión y determinación lo encaminarían hacia la consecución de grandes logros, un pronóstico que se materializó de manera impresionante. Detrás del brillo “Muchos solo ven el resplandor del éxito, sin comprender las numerosas batallas que uno debe librar para alcanzarlo”, reflexiona. Y en este relato, la historia de Miguel no es una excepción. Con la carga inherente de ser el hermano mayor que anhela lo mejor para su familia, Miguel tocó diversas puertas, solo para encontrarlas cerradas. Conversó con varias personas, pero fue ignorado en más de una ocasión. Sin embargo, cada puerta cerrada le condujo a este preciso momento. Sentado en la silla de su propio establecimiento, Miguel, con la humildad que emana de su corazón, realiza un viaje al pasado para compartir con Ekos Violeta sus logros de estos años y anticiparnos a lo que está por venir. “El año 2005 marcó un cambio significativo en mi vida. Decidí cruzar fronteras y establecerme en Ecuador. Sin embargo, siempre mantuve clara mi visión: redefinir la industria de la belleza en un país dolarizado”, cuenta con convicción. Esta semilla germinó en él debido a las injusticias que presenciaba en el sector; observaba cómo los peluqueros resignaban sus derechos, aceptando salarios que no estaban a la altura de su valiosa labor. Después de haber trabajado incansablemente para perfeccionar sus habilidades y adquirir experiencia en diversos aspectos de la estilística y la belleza, cuatro años después invirtió en su emprendimiento, el cual no sería simplemente un salón de belleza, sino un espacio destinado a transformar vidas y equilibrar las injusticias existentes. Así nació Studio Cava. Un salón de belleza que se convirtió en una comunidad Desde su inauguración en 2009, Studio Cava ha experimentado una evolución constante, manteniendo siempre un compromiso inquebrantable con la excelencia, la justicia y la creatividad en el núcleo de cada acción. Pero, su impacto se extiende más allá de los salones de belleza. Con el tiempo, se dio origen a la Fundación Miguel Cava con el objetivo de “transformar la vida de muchas mujeres, proporcionándoles las herramientas necesarias para la autogestión en el ámbito laboral y empoderándolas económicamente”, según cuenta Miguel. Para él, “el empoderamiento es la vía directa hacia la igualdad de género, la erradicación de la pobreza y el desarrollo inclusivo”. La fundación no solo ha desarrollado protocolos de bioseguridad para la industria de la belleza, sino que también se ha convertido en un faro de esperanza para mujeres que enfrentan violencia de género. Además, Miguel fundó ‘Cava School’, con el propósito de proporcionar autonomía y oportunidades laborales a estas mujeres, permitiéndoles avanzar y romper con el ciclo de violencia. “Mi deseo es extender la mano diez veces por cada mano que me han tendido en la vida”, comparte Miguel. Bajo este principio, ha organizado un almuerzo benéfico programado para el 13 de abril en la Residencia del Embajador Argentino, buscando el apoyo de la sociedad civil para ampliar el alcance de su fundación y llevar esperanza a más mujeres. Esta iniciativa no solo representa un evento social, sino también un llamado a la solidaridad y a la construcción de un futuro más equitativo.