Según las evaluaciones que llevó a cabo ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados, en los vecindarios que acogen al mayor número de personas refugiadas, la mayoría de sus residentes no contaban con internet debido a los altos costos y a la falta de infraestructura. Gracias a una iniciativa comunitaria que emplea tecnología blockchain, con el apoyo de ACNUR, Wayru (una empresa local), y otros socios, los habitantes de Juan Montalvo ahora pueden conectarse a una red de fibra de alta calidad con enrutadores Wi-Fi que cubren un radio de 100 metros en cada cuadra. Desiree revisa el enrutador y la señal de su cuadra para asegurarse de que todo funciona. Con 32 años, ella hace parte de los líderes comunitarios que ahora son “guardianes” de los enrutadores. “Muchos no teníamos internet porque no podíamos costearlo, así que me emociona hacer esto por la comunidad”. Además de capacitar a líderes refugiados y locales comunitarios para resolver problemas con los enrutadores y difundir este nuevo servicio gratuito, el programa ofreció cursos sobre economía digital en los que aprendieron a usar esta tecnología para encontrar empleo o impulsar negocios. No obstante, el acceso a internet sigue siendo una barrera importante. Casi el 30% de la población ecuatoriana no tiene acceso, lo que implica que miles de personas – incluidas las refugiadas y desplazadas – son excluidas de oportunidades económicas, educativas, laborales y de otro tipo. Para las mujeres y las niñas, el escenario empeora. A nivel mundial, la posibilidad de que las mujeres tengan un teléfono móvil es 8% más baja en comparación con los hombres y, cuando cuentan con uno, la posibilidad de que tengan acceso a internet es 20% menor. La brecha digital es aún más pronunciada en las poblaciones desplazadas por la fuerza. Giovanni Bassu, Representante de ACNUR en Ecuador, menciona que: “Es la primera vez que ACNUR utiliza un punto base de Internet único al que la comunidad puede conectarse usando enrutadores”. Añadió que esta tecnología ofrece un servicio más económico y sostenible. “Involucrar a las personas refugiadas y a la comunidad local en los aspectos relacionados con la inclusión digital significa que este proyecto ha partido desde sus necesidades”. También te puede interesar: Brecha digital: el futuro está aquí, pero no estamos listos para esa conversación Los veinte enrutadores instalados cerca de casas, escuelas y centros comunitarios conectan a 200 personas simultáneamente, quien antes no podían acceder a internet desde sus casas. Para familias como la de Desiree, que con frecuencia deben decidir entre comer o recibir educación, es prácticamente imposible acceder a internet. Regularizar su condición o, incluso, iniciar un procedimiento de asilo también es difícil con trámites que dependen de la disponibilidad y la calidad del internet. Para Desiree no fue fácil iniciar un negocio de comida para sostener a sus dos hijos. Ahora, espera que el acceso a internet y los cursos de educación digital que ha recibido la ayuden a ampliar su clientela y a obtener un ingreso estable. “No sabía cómo usar el correo electrónico ni las hojas de cálculo”, dice Desiree. “Ahora puedo gestionar mis cuentas, llevar un registro contable y comunicarme con vecinos para ofrecerles arepas y empanadas”. Desiree se atreve a imaginar que un día podrá ahorrar suficiente dinero para abrir su propia tienda. El programa de Innovación Digital de ACNUR, que fue creado por el Gran Ducado de Luxemburgo, ha hecho posible esta nueva red de internet en Guayaquil.