A medida que aumentan los compromisos climáticos mundiales, los países y las empresas se enfrentan al desafío de transformar las economías para alcanzar las cero emisiones netas de gases de efecto invernadero para 2050. Un nuevo informe de McKinsey & Company ofrece una visión amplia y profunda sobre la naturaleza y la magnitud de los cambios económicos necesarios para alcanzar ese objetivo. El reporte: La transición hacia cero emisiones netas: Cuánto costaría, Qué aportaría, examina las implicaciones para la demanda, el gasto de capital, los costos de producción y el empleo en los sectores que producen el 85 por ciento de las emisiones totales, a través de un análisis en profundidad de 69 países. "La transición a la neutralidad de carbono representará una enorme transformación económica. Las acciones individuales de cada empresa y de los gobiernos, junto con el apoyo coordinado para aquellos sectores, países y comunidades más vulnerables, podrían facilitar los cambios económicos y sociales necesarios", señaló Mekala Krishnan, socia del McKinsey Global Institute y autor principal del informe. El informe evalúa la transición en dos dimensiones: sectores y geografías. El análisis toma como punto de partida y recorrido hacia la neutralidad de carbono los escenarios de la Network for Greening the Financial System (NGFS). Las principales conclusiones son: - La transición sería universal. Todos los sectores económicos y países se verían afectados por la revisión de los sistemas energéticos y de uso del suelo que sustentan las economías globales. - La escala de la transformación económica sería significativa. El gasto de capital en activos físicos ascendería a unos USD 275 billones (trillion en inglés) hasta 2050 -aproximadamente USD 9,2 billones (trillion en inglés) al año-, lo que supone un aumento anual de USD 3,5 billones (trillion en inglés) con respecto al gasto anual actual, a medida que se reduzcan las actividades de altas emisiones y se incrementen las de bajas emisiones. Por ejemplo, hoy el 65 por ciento del gasto en energía y suelo se destina a actividades o productos intensivos en emisiones. En el futuro, el 70% se destinará a productos de bajas emisiones y a infraestructuras de soporte, invirtiendo la tendencia actual. También te puede interesar: Empresarios que apuestan por la sostenibilidad en el Ecuador - Es posible que sea necesaria una amplia transformación del mercado laboral, con unos 200 millones de puestos de trabajo directos e indirectos ganados por la transición y unos 185 millones perdidos que deberían ser reasignados de aquí a 2050. - Los cambios se concentrarían en la fase inicial. La próxima década será decisiva. El gasto aumentaría hasta el 8,8% del PIB mundial entre 2026 y 2030, tomando el 6,8% actual, antes de comenzar a bajar. - El impacto de la transición se sentirá de forma desigual en los distintos sectores, países y comunidades. Los más expuestos serían los sectores con productos u operaciones de altas emisiones; los países de menores ingresos y aquellos con grandes recursos de combustibles fósiles; y las comunidades cuyas economías locales dependen de los sectores expuestos. Los sectores más expuestos representan actualmente alrededor del 20 por ciento del PIB mundial. Otro 10% del PIB corresponde a sectores cuyas cadenas de suministro tienen altas emisiones, como la construcción. Los hogares de bajos ingresos de todo el mundo pueden ser los más afectados por el mayor costo de la electricidad a corto plazo y por los costos de capital iniciales en los que pueden tener que incurrir para adquirir productos de bajas emisiones, como nuevas calefacciones o vehículos eléctricos. - A pesar de la magnitud de los cambios necesarios, los costos y trastornos derivados del aumento de los riesgos físicos o de una transición desordenada serían probablemente mucho mayores. La transición conlleva riesgos, como la escasez de energía y el aumento de los precios si no se gestiona bien. Si se retrasa o es abrupta, la transición aumentaría el riesgo de abandono de activos y desarraigo de trabajadores. Sin embargo, los resultados serían mucho peores si no se toma ninguna medida: alcanzar las cero emisiones netas y limitar el calentamiento a 1,5°C evitaría los impactos más profundos del cambio climático. - Una transición ordenada ofrece oportunidades de crecimiento y beneficios duraderos más allá de la descarbonización. Aunque los impactos se distribuirán de forma desigual, una transición coordinada reportaría altos beneficios, entre ellos el potencial de una disminución a largo plazo de los costos energéticos, la mejora de los indicadores de salud y la conservación del capital natural. Las áreas de crecimiento podrían darse por operaciones más eficientes y la creación de nuevos mercados para productos bajos en emisiones. "Una transición más ordenada no sólo evitaría los peores impactos del cambio climático, sino que podría tener enormes beneficios, como menores costos de energía y de producción a largo plazo. Y la unidad de intención y acción que se requerirá es un buen augurio para resolver otros problemas globales. Al mismo tiempo, no se pueden ignorar los riesgos a corto plazo de una transición mal planteada", dijo Hamid Samandari, socio senior de McKinsey & Company. Lograr la transición a la neutralidad de carbono dependerá del compromiso de las empresas, los gobiernos, las instituciones y los individuos de todo el mundo, y requerirá un cambio de mentalidad total, que incluya la preparación para la incertidumbre y los riesgos a corto plazo, una intervención con mayor determinación, unidad e ingenio, y la ampliación de los horizontes de planificación e inversión. "La transición económica para alcanzar las cero emisiones netas será compleja y desafiante, pero es necesaria", señaló Dickon Pinner, socio senior y co-director de McKinsey Sustainability. "La cuestión ahora es si el mundo puede actuar con audacia y ampliar la respuesta y la inversión necesarias en la próxima década".