Isabel II, fallecida el jueves, 8 de septiembre, forjó su legado a través de su imagen de marca, su adaptabilidad y su capacidad de trabajar en equipo, habilidades que otros podrían interiorizar. Los líderes como ella "logran el difícil equilibrio entre la constancia y la adaptación", señala el profesor de liderazgo y cambio corporativo de la escuela de negocios IMD en Suiza, Michael Watkins. Watkins asegura que estos líderes "se mantienen anclados en sus principios y son coherentes con sus compromisos, pero saben doblegarse ante los cambios inevitables". La disposición de la reina de Inglaterra a ceder en determinadas ocasiones y a apegarse a la tradición en otras es un comportamiento que otros líderes harían bien en adoptar, según los expertos en liderazgo. Estas son las lecciones de liderazgo más importantes que se pueden extraer del reinado de la reina Isabel II. Mantenía una imagen de marca coherente Los coloridos sombreros de la reina Isabel II y los corgis que la acompañaban eran componentes esenciales de su estrategia de liderazgo, asegura a Business Insider Cindy McGovern, CEO de la consultora Orange Leaf Consulting y autora del libro Sell Yourself (Véndete a ti mismo). La reina construyó una imagen de marca que se ha mantenido vigente durante más 70 años, incluso "cuando el mundo cambió radicalmente a su alrededor", indica Mauro Porcini, vicepresidente senior de PepsiCo y autor del libro que saldrá el próximo 18 de octubre, The Human Side of Innovation (El lado humano de la innovación). También te puede interesar: Jeff Bezos: consejos para tener una actitud emprendedora exitosa "Ella era la misma, pasara lo que pasara", explica McGovern. "Frente a la pandemia, frente a la guerra, frente a la paz, frente a la crisis, frente al escándalo, nunca era otra cosa que no fuese la reina Isabel". Puso su labor por encima de sí misma Aunque era amada por millones de personas, la reina Isabel II también representaba una monarquía con un oscuro pasado. Gobernó la Commonwealth durante un periodo en el que se produjeron violentos procesos de descolonización. En el siglo XX, muchos británicos, incluida la recién elegida primera ministra de Reino Unido, Liz Truss, abogaron por la abolición de la monarquía. Para contrarrestar su decadente imagen pública, la reina lideró Gran Bretaña poniendo a su pueblo por encima de todo, sostiene McGovern. "Se la veía como una especie de roca, como una estatua, pero no lo era. Era muy compasiva. En realidad, tenía un corazón servicial". Durante la emisión del primer discurso de Navidad de Isabel en 1957, la reina señaló que su papel no era ni podía ser el de sus predecesores. "No puedo llevaros a la batalla, no os pongo leyes ni administro justicia, pero puedo hacer algo más. Puedo daros mi corazón y mi devoción a estas viejas islas y a todos los pueblos de nuestra hermandad de naciones". Acompañó a otros líderes La reina Isabel II trabajó codo con codo junto a 15 primeros ministros a lo largo de todo su reinado. Tenía 27 años y acababa de convertirse en reina cuando conoció a Winston Churchill, que la orientó sobre la monarquía y la política. Medio siglo después, Tony Blair, antiguo primer ministro británico, declaró a The Telegraph que Isabel era "casi la única persona" a la que podías "contarle algo con total confianza" y saber que esa confianza nunca se perdería. También te puede interesar: Oprah Winfrey: 11 consejos para alcanzar el éxito La relación de la reina con el parlamento británico reforzó su imagen. "Si ella hubiese quebrantado o entrado en conflicto con los principios del Gobierno, la monarquía hubiese perdido su aceptación en la sociedad británica", afirma Adam Galinsky, psicólogo social y profesor de gestión en la Universidad de Columbia. "Al entender esa distinción, creo que fue capaz de representar el papel de socia del sistema parlamentario", dice Galinsky. Fuente: Business Insider