La escultura Rabbit, creada en 1986 por Jeff Koons, mide 104 centímetros. Esto supone que cada centímetro cuesta USD 875.000. ¿Cuándo el arte extravió el sentido de la realidad? El año pasado se intercambiaron USD 67.400 millones en obras de arte. 44% de estas ventas se dieron en Estados Unidos, 21% en Reino Unidos, 19% en China, 6% en Francia, 2% en Suiza, 1% en Alemania y 1% en España. Esto refleja como una élite reducida de coleccionistas se refugia en obras-trofeo a precios desorbitados. Sin duda, no existe una legislación que regule este tipo de intercambios, por lo que el precio de la pieza lo marca la demanda. Las subastas se desarrollan en galerías de Londres y Nueva York, sobre todo en las sesiones de la noche, donde se rematan las obras más caras y la gente acude a sentir el voltaje del dinero. Los tratos se manejan bajo acuerdos privados y confidenciales, en los que galeristas comprometidos con coleccionistas-inversores deciden el valor económico de las obra a través de intermediarios. Esta dinámica, muchas veces, hace que se multiplique el precio de una pieza. Si hasta hace poco el arte se dirigía al 1% del planeta ahora parece destinado al 0,01% del mundo. Es así como un puñado de galerías se reparten el negocio. Las cinco principales galerías, en términos de ingresos, acaparan más de la mitad de las ventas. El año pasado, las transacciones de los primeros 20 artistas vivos coparon el 64% del mercado de estas empresas. Por: María José Vilac