Puede que el viajero se canse de los destinos de siempre, con los mismos monumentos y a rebosar de turistas. Al viajero experimentado - y también al amateur - le toca explorar otros parajes, rincones tenebrosos, siniestros, cuyas fronteras pocos se han atrevido a traspasar. Lugares dark, como los denomina la escritora Míriam del Río en su libro 'Turismo Dark 2. Ella muestra los lugares "no desde la perspectiva morbosa, sino desde la parte histórica y cultural". La primera vez que se utilizó este término fue por parte de dos profesores británicos en 1996, John Lennon y Malcolm Foley. Acuñaron el 'dark tourism' para referirse a las visitas que se realizan a zonas donde ha ocurrido una catástrofe, que recordaban o que tenían un condicionante siniestro o decadente. También te puede interesar: Hoteles eco friendly: características y los 15 mejores del mundo Europa Jardín venenoso de Alnwick en Northumberland (Reino Unido) A simple vista puede parecer un jardín normal. Lo es si no hubiera un cartel en la puerta que advirtiera: "Estas plantas pueden matar". Cicuta, belladona, ricina... y hasta más de cien plantas tóxicas, intoxicantes y narcóticas, que no pueden tocarse ni olerse y donde las visitas son guiadas. La responsable de esta creación es Jane Percy, duquesa del condado de Northumberland desde 1995. Pero, ¿por qué? Heredó el castillo de Alnwick con un enorme jardín. Viendo su potencial se dio cuenta de que podía hacer "algo realmente diferente". La celda de las emparedadas de Astorga (León, España) En la ventana hay una inscripción del Eclesiastés que reza "Acuérdate de mi juicio, porque así será también el tuyo. A mí ayer, a ti hoy". Se encerraban algunas mujeres durante la Edad Media para pasar sus días en penitencia. Solo había dos ventanas, una hacia el exterior y la otra a la capilla para que pudieran escuchar misa. Se dedicaban a la vida contemplativa, a rezar y a la castidad. Dependían de lo que les daban los gremios y cofradías y la ayuda que les otorgaba la Iglesia, cubriendo sus necesidades vitales. Eran casi veneradas como santas, pues reproducían la vida de algunos santos anteriores. Catacumbas de París (Francia) Es uno de los lugares más impresionantes de París, que no todo el mundo se atreve a visitar. Se articula como un laberinto que recorre el corazón subterráneo de la capital francesa. Los huesos de más de seis millones de personas descansan "amontonados en un macabro orden". A su entrada está inscrita la frase del poeta Jacques Delille: "¡Detente! Aquí empieza el imperio de la muerte". Su creación se debe a que en el siglo XVIII se decidió trasladar los restos óseos a un lugar subterráneo debido a la insalubridad que provocaban los cementerios en aquel momento. Empezó a funcionar como osario municipal, pero en 1786 se le otorga el nombre de 'catacumbas'. Desde 1809 están abiertas al público con cita previa y reciben a unos 500.000 visitantes cada año. También puedes leer: Los 10 destinos menos visitados del mundo América El pueblo fantasma de Bodie (California, Estados Unidos) Como si de un escenario de película del lejano Oeste se tratase, este pueblo abandonado en pleno desierto, en la frontera con el estado de Nevada, es un espejo del esplendor que vivió California durante la llamada fiebre del oro. Aunque tenía la fama ser un pueblo 'sin ley', donde todos los días se cometía un asesinato causado por el juego y el alcohol. Poco a poco se acabó la bonanza minera y las empresas comenzaron a quebrar a finales del siglo XIX, hasta que en 1942 desapareció por completo. Hay una superstición en torno a Bodie por la que, probablemente, se mantenga tal cual: se dice que cualquier que se lleve un objeto de allí padecerá pesadillas de por vida. Hotel Downtown -Club del Pulgar- (Dawson City, Canadá) Pudiera parecer un hotel normal, pero desde hace más de 40 años incluye en su carta un cóctel muy especial, el Sourtoe Cocktail. Tal y como su nombre indica, la bebida incluye un dedo de pie humano momificado flotando en whisky. La norma para ser miembro honorífico del 'Club del Pulgar' es bien clara: "Puedes beberlo rápido, puedes beberlo despacio, pero tus labios tienen que tocar el dedo del pie". La tradición comenzó con la Ley seca de la década de 1920. Un contrabandista de la zona sufrió un episodio de congelación en un dedo del pie, que acabó amputado. Lo guardó en un bote con whisky. Unos 50 años después, el capitán de un barco se lo encontró e instauró un reto que consistía en beber los máximos cócteles posible. Un vecino, tratando de batir un récord, se lo tragó y desde entonces los dueños piden dedos de alguien que haya sufrido de congelación para continuar con la tradición.Fuente: Viajar