Las brechas producidas por la falta de oportunidades han llamado la atención de organizaciones que se dedican a la investigación de indicadores sociales prospectivos. El acceso a una salud y educación de calidad, a un ambiente de equidad, a tecnología de punta, a un marco institucional de protección social y a un mercado laboral marcará la dificultad o facilidad para moverse entre los diferentes estratos socioeconómicos. Así la movilidad social es la capacidad que tienen los habitantes de un país de mejorar sus condiciones de vida. En un principio, los esfuerzos en relación a este tema se enmarcó en la lucha contra la pobreza. En 1980, el 44% de la población mundial vivía bajo estas condiciones y hoy en día es menos del 8,6%. Sin embargo, la disminución de la pobreza es sólo una de las dimensiones que están asociadas a la movilidad social. Por eso, en el Foro Económico Mundial se presentaron los resultados de un indicador de movilidad social, comparando los resultados de 82 países en el mundo. Los pilares principales del Índice Global de Movilidad Social son: salud, instituciones inclusivas, acceso a la educación, calidad y equidad de la educación, aprendizaje permanente, protección social, acceso a la tecnología, oportunidades laborales, salarios justos y condiciones de trabajo. El Ecuador, con un puntaje de 53,9 puntos sobre 100, alcanzó el puesto 57; es decir, por debajo de la media. Esto acompañado de que ninguno de los países de América Latina y el Caribe se encuentran dentro de las 20 primeras posiciones a nivel global. En otras palabras, en la región es sumamente complicado escalar de posición. Uruguay es el país de la región que mejor desempeño tiene y se posiciona en el lugar número 37 en el mundo, teniendo un score de 67,1 puntos. De ahí, el top 5 lo encabezan países de Europa: Dinamarca (85,2), Noruega (83,6), Finlandia (83,6), Suecia (83,5) e Islandia (82,7). Por: Paul Reinoso y Víctor Zabala Andrade