¿Cómo funcionan los mercados de carbono? Un mercado de carbono es una solución financiera para la reducción de los GEI a través del comercio de emisiones. El primero surgió del Protocolo de Kioto de 1997, que obligó a los países que lo ratificaron a reducir sus emisiones. A raíz de este protocolo, mediante la Directiva 2003/87 de la Comisión Europea, se abrió la puerta a que aquellos países que no lograran reducir sus emisiones pudieran comprar esa reducción a los países que excedieran sus compromisos y disminuyeran sus emisiones. Existen dos tipos de mercados de carbono. En los mercados de cumplimiento obligatorio o regulados se establece un límite anual de emisiones para las entidades y actividades más contaminantes (producción energética, cerámica, papel, cristal, refinerías etc.). Todas aquellas entidades reguladas que sobrepasen este límite están obligadas a comprar bonos de carbono equivalente a las emisiones excedidas a un precio de mercado normalmente bajo. En los mercados voluntarios, por su lado, los agentes no están obligados a compensar sus emisiones, pero lo hacen por motivaciones varias como responsabilidad social corporativa, marketing verde, filantropía y anticipación a futuras regulaciones. Su precio en los mercados voluntarios es variable y normalmente superior al precio de los mercados regulados. Las compensaciones de carbono son producidas por proyectos que generan créditos de carbono llevando a cabo actividades de reducción de emisiones. ¿En qué consiste un mercado de carbono local? Un mercado de carbono regional o local es un mercado voluntario de carbono donde las compensaciones y la compra de créditos son realizadas por actores regionales. Es decir, los créditos comprados provienen de proyectos de compensación realizados en el mismo territorio que la entidad emisora. Las emisiones de GEI tienen efectos globales sin importar la ubicación del foco emisor. De la misma manera, la localización de los proyectos de fijación de carbono es indiferente respecto a su efecto global. Esto ha llevado a los países desarrollados a financiar proyectos de compensación a través de los Mecanismos del Desarrollo Limpio en países en vías de desarrollo. Lo hacen motivados por su bajo coste. En este contexto, proyectos pequeños de carácter social no podían competir con grandes proyectos comerciando grandes cantidades de emisiones a bajo coste, pero con pocos beneficios para las comunidades locales. Además, la regulación laxa de este tipo de proyectos de fijación de CO2 ha provocado, en ocasiones, otros impactos para el medio ambiente, la biodiversidad, etc.