Richard Peet y Soledad Hanna, empresarios guayaquileños, sienten pasión por este grano y hallaron una fórmula de éxito al conjugar su consumo con un postre. La idea se bautizó como Sweet & Coffee® y germinó en 1997 cuando aún eran novios -actualmente son esposos-. Los dulces que Soledad le preparaba con cariño sirvieron de inspiración para hallar una fusión perfecta de ingredientes que hoy se puede saborear en 100 locales distribuidos por el Puerto Principal, Quito y Ambato. La primera tienda se ubicó en Mall del Sol de Guayaquil, con un equipo de 15 personas; hoy la marca cuenta con el compromiso de 1.200 colaboradores. Los ejecutivos, sagitarianos de 50 años, son una dupla poderosa que afianza el éxito de la marca en un principio inquebrantable: entregar dulces caseros, elaborados respetando la tradición, y preparar un café con los más altos estándares. Los 22 años de experiencia que suman en el mercado les ha dejado inmensas lecciones, una de oro es conocer a su cliente y cumplir con la promesa de valor/amor que se le hace. “Desarrollamos una categoría que no existía. Antes las personas no asociaban tomar un café con un dulce, eran conceptos separados. Al unirlos creamos un espacio con unos atributos diferentes y el estilo de vida cambió”. Soledad, Ingeniera Comercial graduada en la Universidad Católica de Guayaquil, y Richard, quien estudió Finanzas en Estados Unidos, forjaron un negocio asentado en un driver: la calidad del producto. El negocio no terceriza servicios, solo compra la materia prima base, explica Soledad, quien hoy en día concentra sus esfuerzos como Gerente de Producción. Por su lado, Richard, Gerente General de la operación, detalla que la calificación de los proveedores de la materia prima es trascendental. “Los calificamos cada año y a los mejores los premiamos”, explica. El alto ejecutivo reconoce que el negocio nació con un proceso de gestión bien estructurado. “Escribíamos todo. Cada paso está grabado en un manual o en un procedimiento. Los sistemas de calidad también están registrados”, resalta. Cuando los fundadores abrieron la tercera tienda se dieron cuenta que ésta se podía convertir en una cadena importante. “Siempre tuvimos claro que para crecer, se debían estandarizar procesos”, señala Peet. La marca actualmente está grabada en el top of mind de los segmentos, aunque no siempre fue así.“Tuvimos dudas en aperturar locales en sectores más bajos porque no había la cultura del consumo de café, pero al final del día vimos que la marca tenía una percepción multitarget”, explican. Y agregan: “a la hora de estructurar una gama de productos, combinamos buen precio y excelente calidad”, enfatiza Soledad. En efecto, Sweet & Coffee® se planteó el reto -y lo cumplió- de vender un producto asequible, “con una calidad excepcional”, donde la gente está dispuesta a gastar un promedio de USD 6 por compra. UN NEGOCIO FAMILIAR “Este es un negocio que nació de nuestra época de enamorados. Nuestros hijos -la pareja tiene tres hijos- han vivido lo que es tener un negocio 100% familiar que está profundamente arraigado en nuestro ADN”, indica Soledad. Sweet & Coffee® abrió a finales de 2019 su local 100 con la consigna de mantener su crecimiento. Para ello, sus esfuerzos se concentran en fomentar la mística de trabajo (Ver siguiente pág.) que promueva compromiso y amor por crear el mejor producto con el mejor servicio.Por _ Sofía Chávez Tamayo