“Las medidas de confinamiento mundiales ante el Covid-19 apenas supondrán una muesca en la pronunciada curva de crecimiento de las concentraciones en la atmósfera de dióxido de carbono, causante del cambio climático”, ha indicado Diario El País. Lo hace en base a la información publicada la semana pasada por la Organización Metereológica Mundial (OMM) que ha dicho que el confinamiento (en su etapa más estricta) no logró una reducción de la acumulación de los gases que sobrecalientan el planeta. “Esto implicará que en 2020 se vuelvan a marcar unos niveles récord”. #COVID19 has had no measurable impact on CO2 concentrations in the atmosphere (cumulative past and current emissions), per WMO Greenhouse Gas BulletinBut the lockdown provides a platform to grow back better and take #ClimateActionhttps://t.co/sYiJnrkYo5 pic.twitter.com/lCstO3xK2A — World Meteorological Organization (@WMO) November 23, 2020 La OMM ofreció algunas estimaciones para este año y recuerda que los cálculos preliminares apuntan a que las emisiones de dióxido de carbono expulsadas por el ser humano se reducirán entre un 4,2% y un 7,5% este año, aunque la incertidumbre es grande porque todavía falta por saber si los confinamientos se endurecen más en la recta final de 2020. Lo que el organismo tiene claro es que “a escala mundial, una reducción de las emisiones de esa magnitud no permitirá reducir la concentración de dióxido de carbono atmosférico”. Solo se conseguirá que la concentración aumente “a un ritmo ligeramente menor”. El dióxido de carbono es el gas que más contribuye al calentamiento global, pero hay otros que también preocupan como el metano. Y en 2019 la concentración de este gas —que retiene más el calor pero que apenas permanece en la atmósfera una década— volvió a marcar un registro récord: Alcanzó las 1.877 partes por mil millones (ppmm), lo que supone un 160% más respecto a los niveles preindustriales (722 ppmm). La OMM explica que cerca del 40% de las emisiones de metano proceden de fuentes naturales (como los humedales). El 60% restante se debe a actividades vinculadas al ser humano como la ganadería, la agricultura, los combustibles fósiles o la gestión de residuos. Por último, la OMM destaca que la concentración de óxido nitroso, otro gas de efecto invernadero que además degrada la capa de ozono, llegó a las 332,0 ppmm en 2019, lo que supone un 23% más que en el siglo XVIII (270 ppmm). Nota publicada en: Diario El País