Hoy es más importante que nunca mejorar la calidad y la equidad de los sistemas educativos en todo el mundo. Se espera que la automatización incremente la demanda de trabajadores altamente educados, creando una mayor necesidad de habilidades tecnológicas, socio-emocionales y cognitivas. El crecimiento de la IA generativa está acelerando estas transiciones de fuerza laboral. Además de preparar a los estudiantes para la fuerza laboral, se está pidiendo cada vez más a los sistemas educativos que participen en la resolución de problemas sociales más amplios, desde los crecientes desafíos de salud mental entre los jóvenes hasta la polarización política para combatir el cambio climático Las mejoras en el aprendizaje de los estudiantes no están a la altura de estas demandas. La cantidad de niños que asisten a la escuela es más alta que nunca, y a pesar de ello muchos no logran dominar las habilidades básicas. El Banco Mundial estima que siete de cada diez estudiantes de países de ingresos bajos y medios viven en la “pobreza del aprendizaje” sin poder leer un texto simple al final de la escuela primaria. Lo mismo es válido para casi nueve de cada diez estudiantes en el África subsahariana. Esto significa que la mayoría de los niños del mundo nacen en sistemas educativos donde no aprenderán a leer antes del final de la escuela primaria. Gran parte de la discusión global sobre el de- sempeño educativo gira en torno a un pequeño subconjunto de países, en su mayoría de altos ingresos, que obtienen puntuaciones relativamente altas en las tres evaluaciones principales: el Programa de Evaluación Internacional (PISA), las Tendencias en el Estudio Internacional de Matemáticas y Ciencias (TIMSS, por sus siglas en inglés), y el Estudio Internacional de Alfabetización en Lectura (PIRLS, por sus siglas en inglés). En términos generales, muchos de los países donde los resultados educativos promedio están bajo el nivel considerado aceptable, no han tomado evaluaciones internacionales. Sin embargo, más recientemente, la introducción de evaluaciones regionales y la Evaluación de Lectura Temprana han permitido una comparación global más amplia de los resultados del aprendizaje. Se sugiere que aproximadamente 20 puntos PISA equivalen a un año de aprendizaje. Según esa medición, los estudiantes de secundaria en muchos países del África subsahariana pueden estar diez o más años por detrás de sus pares de Europa, América del Norte o Asia Oriental. En la década anterior a la pandemia Covid-19, el desempeño de los estudiantes en la mayoría de los sistemas educativos se estancó - o declinó a nivel mundial. De los 73 países con datos longitudinales de la última década, solo 23 lograron lograr mejoras significativas, sostenidas y consistentes. La pandemia no hizo más que exacerbar estos desafíos. La pérdida de tiempo de aprendizaje amplió las brechas de equidad dentro y entre los países, con estudiantes que terminaron, en promedio, ocho meses atrás en comparación a la época pre pandemia. Mientras tanto, la migración hacia el trabajo remoto y el comercio electrónico aceleró los cambios en la fuerza laboral creando un efecto de tijera ya que las pérdidas de aprendizaje están chocando con una creciente necesidad de habilidades más específicas. Hay mucho en juego: si continúan las tendencias históricas, más de 700 millones de niños seguirán en la pobreza del aprendizaje en 2050. La pandemia acabó con décadas de mejoras educativas, y no podemos esperar décadas para compensar estas pérdidas. La población mundial está creciendo más rápidamente en los lugares donde el aprendizaje es el más rezagado. Si no hacemos nada, las implicaciones para el crecimiento económico y la estabilidad política en todo el mundo serán tremendas. Sin embargo, este sombrío futuro no es inevitable. Si todos los sistemas pudieran mejorar los resultados de los estudiantes al ritmo de las mejoras más importantes, otros 350 millones de estudiantes podrían salir de la pobreza del aprendizaje en los próximos 30 años. Sistemas superando las probabilidades A primera vista, la falta de progreso puede parecer desconcertante. En las últimas décadas, la comunidad educativa ha investigado, desarrollado y codificado evidencia sólida sobre lo que los estudiantes necesitan para dominar habilidades fundacionales como lectura, escritura y pensamiento crítico. En la última década, el gasto en educación per cápita ha aumentado en países de todos los niveles de ingresos, y sin embargo apenas el 20 por ciento de las iniciativas de mejora de la educación cumplen con los objetivos planteados. Para comprender cómo los sistemas educativos globalmente pueden reanimar el crecimiento y recuperarse de las pérdidas de aprendizaje de la pandemia, McKinsey examinó la década previa a la pandemia Covid-19. Realizamos investigaciones sobre sistemas educativos que mejoraron y declinaron; analizamos datos globales; y conversamos con más de 200 líderes de sistemas, donantes y filántropos, líderes sin fines de lucro, académicos y consultores educativos. Nuestras entrevistas apuntaron a la complejidad del desafío de implementación. La mayoría de los sistemas educativos tienen dificultades para convertir las mejoras en acciones a escala y el estancamiento de los sistemas educativos tiende a quedar atrapado en unos “modos de falla”: Direcciones en conflicto. La educación no se considera una prioridad, lo que resulta en la incapacidad de recaudar los fondos necesarios para la ejecución. Los objetivos son demasiado numerosos, están demasiado lejos en el futuro y son difíciles de medir, y hay una falta de coherencia entre los elementos individuales de la reforma educativa. Discontinuidad del liderazgo. El cambio educativo requiere más tiempo del que la política suele permitir. Los ciclos electorales rápidos y las breves tenencias de los ministros de educación pueden conducir a una combinación de prioridades, que a su vez pueden confundir y desilusionar a los educadores y a las familias que se exacerba cuando los esfuerzos están vinculados a estructuras políticas, en lugar de estar arraigados dentro de las instituciones. Rechazo de las organizaciones. Las mejoras pueden tambalearse ante el rechazo de las comunidades y los educadores que sienten que no se les consultó. Las políticas descendentes pueden no funcionar realmente una vez que llegan al aula. Coordinación y ritmo de cambio insuficientes. Se invierte demasiado tiempo en el desarrollo de la estrategia y no lo suficiente en la creación de una hoja de ruta de implementación con presupuestos, plazos y responsabilidades alineados. Capacidad de implementación limitada. La falta de capacidad analítica y de gestión de programas dentro del gobierno socava los esfuerzos de reforma - los grandes educadores no siempre son buenos gerentes. Volando ciego. Los líderes de todos los niveles operan sin datos suficientes, y carecen de oportunidades clave para generar transparencia e intervenir. Permanecer quietos. Los sistemas tratan de resolver los problemas actuales con las soluciones de ayer. Los líderes pueden hacer pilotos de nuevas ideas pero sin un plan para medir el impacto y llevarlas a escala. También te puede interesar: Rk Sectorial: las 200 empresas con mejor desempeño en los últimos 20 años La buena noticia es que algunos sistemas están superando las chances y generando mejoras significativas en el aprendizaje de los estudiantes año tras año. Estos sistemas educativos atípicos existen en todos los continentes y en todos los niveles de desarrollo nacional. Nuestro análisis sugiere que los sistemas exitosos, utilizan estrategias de refuerzo para crear un ciclo virtuoso, permitiendo ganancias significativas y a largo plazo en el aprendizaje de los estudiantes Anclar la evidencia. Basados en investigaciones sobre qué mejora los resultados, los sistemas educativos exitosos ponen en el centro los cambios en las aulas, enfocándose principalmente en los maestros y en el contenido que entregan. Eligen estrategias respaldadas por evidencia relevantes para su lugar de partida y priorizan el aprendizaje fundacional, particularmente en sistemas con recursos limitados. Utilizan la tecnología como una herramienta para mejorar el aprendizaje, no como un fin en sí mismo. Los sistemas exitosos se enfocan en las intervenciones más cercanas a los estudiantes y trabajan hacia afuera, comenzando por el aula (qué se enseña, cómo se enseña), luego la escuela (qué soportes existen para estudiantes y maestros), y finalmente alineando los soportes del sistema (gestión del desempeño, infraestructura, financiación) con lo que se necesita en el aula. Construir una coalición duradera para el cambio. Los sistemas educativos exitosos se enfocan en unas pocas prioridades coherentes, reuniendo a los stakeholders en torno a ellas para asegurar que todos - desde el liderazgo del sistema hasta los directores y los maestros - estén a bordo. Invierten en una comunicación auténtica y de dos vías con las familias, los educadores y las comunidades para diseñar mejores políticas y lograr un mayor compromiso Crear capacidad de entrega para escalar. Los sistemas exitosos pasan rápidamente de la estrategia a la implementación, dando un ritmo a las reformas para mostrar una tracción temprana mientras se construye la fortaleza para el largo camino hacia el impacto. Construyen equipos de entrega dedicados con las estructuras organizacionales y habilidades individuales para ejecutar los planes en el tiempo. Crean una hoja de ruta concreta, ponen a prueba sus planes de implementación y aseguran que el presupuesto esté orientado en torno a las prioridades. Se ajustan a sus cambios para mostrar quick wins en los primeros seis meses para demostrar momentum. Impulso y adaptación con los datos. Los sistemas exitosos miden rigurosamente lo que importa - los resultados del aprendizaje de los estudiantes - y utilizan datos transparentes para mejorar sus intervenciones. A medida que implementan métodos probados y verdaderos, también crean espacio para la innovación y miden lo que innovan, lo que vuelve a alimentar la base de evidencia de lo que funciona. Construyen sistemas de datos robustos, identifican tendencias y utilizan los datos para crear una cultura de mejora continua. Hacen pública información importante para generar momentum, segmentan escuelas para responsabilidad y apoyo, y utilizan datos para impulsar la mejora en todos los niveles, desde la estrategia del sistema hasta la instrucción en escuelas. POR: Felipe Child, socio de McKinsey & Company y líder de la práctica de sector público y social para América Latina